jueves, 29 de enero de 2009

PAGINAS




Viajar en Metro es para mí una necesidad, no lo hago por placer, lo confieso. Me iría tan ricamente a trabajar en bicicleta, pero, por un lado, el frío y la lluvia de Madrid y, por otro, algunas interminables jornadas laborales que me
dejan agotado, me lo impiden.







Me obliga a tener que soportar una serie de cosas que no me gustan: calor, olor, sudor, algunas personas maleducadas, retrasos que nadie me explica y alguna que otra cosa que no viene al caso.

Como contrapartida me da cosas buenas: encontrarme a un amig@ al ir al trabajo, un ratito de lectura, música o simplemente pensar y, además, me permite observar. Parecemos como pequeños animalitos de un documental de National Geographic, cada uno muy parecido al de al lado, pero en el fondo muy diferentes entre sí.

El otro día me llamó la atención como pasan las hojas de las revistas, periódicos y/o apuntes diferentes pasajeros de mi vagón. ¡Y es que hasta a eso nos da información sobre como somos en realidad!

Está la musical introspectiva, que suele ir con un tocho estilo Barbara Wood, con título tales como "Pasión desatada", "Amistad destructiva" o "Ambición ilimitada", que parece que se van a meter en el libro, que se van a comer a algún personaje claramente macizo, y que pasan las hojas con voracidad, siendo capaces de pasarse la parada si es que la ocasión lo requiere. Todo ello mientras escuchan con el mp3 música de Presuntos Implicados, que ayudan a la inspiración lectora.

Luego tenemos al deportista del vagón que, lo practique o no, pasea al deporte en forma de MARCA, As o prensa gratuita, por medio Madrid, empapándose desde la primera a la última página, con especial memorización de las dedicadas a su equipo predilecto y/o deporte favorito, para luego poder crear una corriente de opinión adecuadamente argumentada en su tertulia mañanera. Pasan las hojas como quien pasa el balón en profundidad. Todo un clásico que, generación tras generación, permanece y nunca muere.

Otra subespecie del suburbano, valga la redundancia, sería el o más veces la lectora profunda de libros raros (a veces con pintas). Suele ser una veinteañera temprana, universitaria, que se lee desde Proust, a Rimbaud, pasando por Whiltman o acabando por Pepe Hierro. Todo lo devora, todo lo asimila. No escucha música, se sienta a veces en el suelo, otras se apoya en el fondo del vagón. Siempre se concentra en las páginas, las mece, las acaricia, casi las besa, forman ya parte de las yemas de sus dedos. Me encanta ver a criaturas como ella. Me reconcilian con el amor colectivo por las letras, aunque sean sottoterra.

Llegamos a las destrozadoras del papel couche que, cual si en la peluquería estuvieran, pasan las páginas, las bambolean, las agitan -los de la foto están que echan la pota-, las menean, las magrean, las arrancan de su grapado central, y realmente no leen nada, podrían ser analfabetas sin que nadie lo notara. No he encontrado un rol masculino similar, ya que el citado más arriba sí que se empapa de las noticias futboleras de rigor.
Tenemos también al yuppie pobrete o ecologista, impecablemente vestido, que va empapándose de las páginas color salmón de diversos diarios de información económica. Ahora, como ya hay cobertura, puede comprar-vender no sé que tipo de acciones, futuro, depósitos o cualquier otro producto financiero, ante la indiferencia o curiosidad de la gente, según lo cerca que estén de él. Suele estar de pie, para salir corriendo lo antes posible del vagón, no vaya a ser que le vean en su super-consultoría y el cachondeo sea mayúsculo.
Otro al que le tengo especial cariño, y no porque lo haya visto, sino porque me lo imagino y me hace gracia, es el/la resident@ de anestesia, que anda empollando con fruición los capítulos correspondientes a la anestesia inhalatoria, tal vez por recomendación mía, o bien anda enfrascado en un chuletario sobre como hace la epidural fulano -yo- o mengano, lo cual me hace especial ilusión. Confieso que si es residenta me halaga más todavía, así somos los tíos, que se le va a hacer.
Yo, por mi parte, me cojo uno de los tres libros que suelo leer simultáneamente y, como tengo unas cuantas estaciones, aprovecho para ilustrarme un poquito, y con el Ipod que me han traído los Reyes Magos, me pongo banda sonora, sobre todo al descenso interminable de las escaleras de Cuatro Caminos ...
Amig@s blogueros, ¿conocéis más especies suburbanas?

miércoles, 28 de enero de 2009

SUERTE

Hola Sully, si es que no te importa que te llame así (queda más coloquial y cercano que Chesley Sullenberger), el mundo de la aviación debería estar lleno de gente como tú.

La foto que salió hace unos días en la prensa, y las imágenes de la televisión me han dejado con los pelos de punta e impresionado. No sé si te habrás encontrado en tu larga vida de piloto (imagino que a los 57 estarás cerca de la jubilación) con situaciones de este porte.




Yo, como pasajero, no puedo imaginarme nada peor. A mi me sueltan, aunque sea con tranquilidad, un mensaje megafónico del tipo “señoras y señores pasajero, vamos a intentar un aterrizaje de emergencia en el río Hudson, abróchense los cinturones y dejen el respaldo de sus asientos en posición vertical”, y es que me ..., en fin, te haces cargo.





Creo que debes ser un grandísimo piloto y que aquello que hiciste no está al alcance de todos, pero creo otra cosa también: tienes mucha, mucha, pero que mucha suerte, y eso es muy importante en la vida (ya sabes lo de Napoleón y sus generales).

Propongo que una de las asignaturas para ser piloto sea la de “Suerte”, y que sea considerada fundamental dentro del curriculum de cualquier aspirante a conductor de moles aeronáuticas.

Seguro que esta moción sería respaldada por una amplia mayoría, especialmente entre aquello a los que nos aterroriza o, al menos, nos incomoda volar.


P.S.: Este post está dedicado especialmente a la persona que ha acrecentado en mí exponencialmente el miedo a volar, especialmente a aterrizar. Imágenes como esta no sólo no me alivia sino que me encaminan al posiblemente al psicólogo.

CUERPO ENAMORADO

Carne recurrente de sonidos, silencios o necedades...

¿Es verdad que recorriste estos caminos?

¿Dejaste en los arribes de aquel río al arma adormecida y dedicada?

¿Cantaste al albur de mi desidia en mi mente sin reparos?

¿Bajaste a las cabañas cual tenorio?

¿Volviste de un infierno fugitivo a un purgatorio sin consuelo?

¿Clavaste en montañas casi afines tus estacas afiladas?

¿O besaste a dichosas nubes limpas en tu vuelo libre?

¿No deseas quedarte en mi regazo, cálido y sin complejo?

Vuelve pues a mí, cuerpo desmedido,

vuelve a mí... y hazme enamorado.

sábado, 24 de enero de 2009

LAS INVASIONES BÁRBARAS

Lo de las pelis es curioso, al menos en mi caso. Según el idioma extranjero que manejes, suponiendo que manejes alguno, así tienes mayor afinidad a unas o a otras. En mi caso, mi "bestia negra" son las francesas, dado mi absoluto desconocimiento de ese idioma. Creo que me pierdo cosas buenas, pero es que a veces la mente no da para más. Menos mal que las redes P2P ayudan a arreglar esos y otros desajustes.

Hace unos días mi cibernética amiga Andreilla me recomendo ver esta peli y como la tenía por casa, le hice caso. Al principio, como era en francés, me resistí, pero luego caí en las redes de la historia que cuentan.

El tema es, de entrada, un tanto manido: un hombre enfermo de cáncer, que va a morir y que se despide de la vida. Se ha repetido en muchas ocasiones, pero aquí lo más importante no es el cáncer en sí, sino el repaso que se hace de la vida de una persona y de una época concreta: los progres años sesenta.

Los jóvenes de esa época ya son adultos bien maduritos, y se van dando cuenta de lo que ha quedado de todo aquello en lo que creían y defendían con ahínco, y como el feroz monstruo del capital que tanto odiaban les ha vencido.

No sólo eso, sino que se aprovechan de su éxito (véanse las gestiones del hijo trinfador, usando el billete de dólar canadiense como tarjeta de visita). La película muestra las contradicciones y la hipocresía de una generación de intelectuales comprometidos de otra época, que se ven a ellos mismos como "lo que pudo ser y no fue"; pero también a un padre, que se ha distanciado de sus hijos, cambiándolos por una vida de amantes múltiples, y que al final se ve falto de un cariño que no supo apreciar cuando había tiempo para disfrutarlo.

Los actores cumplen desigualmente su papel, en especial Rèmy Girard, excelente en el humor y las disertaciones rojoides, y Marie-Josée Croze, guapísima. El resto, un reparto cuasi-coral, acompañan dignamente a los protagonistas. Stéphene Rousseau, el hijo, resulta algo inexpresivo, no sé si con intención o porque es así (a mi modo de ver, un hijo que va a perder a su padre habría de ser algo más empático).

Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 2004 (no sé si la competencia -Suecia, Japón, Holanda, República Checa- fue feroz o no,) tiene todos los ingredientes para gustar al espectador con inquietudes, y pensar un poquito en la vida y su sentido, que tampoco viene mal.

miércoles, 21 de enero de 2009

MELODRAMAS

Nos pasamos la vida lanzado acusaciones, muchas de ellas injustas, a las mujeres que nos rodean: madre, hermanas (el que las tenga) y novias y/o esposas (cualquiera de sus dos versiones me sirve). Una de las más elegantes, aunque cruel para con las interfectas, es la de ser melodramática.

Las madres al principio nos protegen, siempre nos quieren y durante una buena parte de su vida creen que somos de su propiedad. Pasan los años, los niños crecen y pretenden hacer sus cuatro voluntades. A ver si os suena:



-¿Dónde vas?
- Por ahí.

-¿Con quien has salido?
- Con gente.

-¿Quién es esa chica?
- Bah, una amiga.





Cuando la adolescencia llega, las madres no saben que hacer con los hijos, todo les angustia, con nada están conformes. De repente, un día, la línea de su tolerancia se ve rebasada y empieza a soltar un sermón-perorata al pelanas de turno en que se ha convertido su hijito rollizo, y éste les espeta sin rubor: “¡Mamá, por favor, no seas melodramática!”

Con las hermanas, las acusaciones pueden llegar a ser más violentas y llegar a lo más íntimo del ser de uno mismo, aunque en este caso la reciprocidad suele ser una constante, con lo cual, quedamos en paz.

-Tú eres un cerdo.
-Y tú una melodramática.

Pero pasamos al grupo de las relaciones carnales y/o sentimentales. Es ahí donde la hembra da rienda suelta a su desatado sentido de la teatralidad, y sacan a la melodramática que llevan dentro. Es una especie de chica que no está muy de moda entre los cánones de feminidad existentes, ya que en muchos casos se asocia a debilidad, ñoñería o “desfase”. El caso es que te las encuentras por todas partes y considero que hacen de la necesidad virtud y emplean sus dotes melodramáticas para hacer de nosotros lo que les parece.

Muchas situaciones de la vida cotidiana reflejan la personalidad de la melodramática a la perfección. Analicemos un ejemplo.

Pareja preparándose para ir a cenar en plan “cenita romántica”. Ella lleva dos horas en el cuarto de baño y él espera a que termine mientras lee el periódico, ya arreglado.

- Cariño, ¿me queda bien el vestido?
- Sí, sí, muy bien.
- ¿Pero si no me has mirado?!
- Si te he mirado, estas guapísima –y sigue leyendo el periódico-.
- Es verdad, no me has mirado, no sé por qué me esfuerzo tanto para
agradarte y tú, ahí, leyendo el periódico, tan pancho.
- Pero si ya te lo he dicho, estás guapísima, te queda fenomenal. Anda, no
seas tonta, vámonos, que llegamos tarde.
- Pues yo no estoy todavía. Me tengo que cambiar toda la ropa porque no te
gusta como voy.
- ¡Pero si te he dicho que sí, que estás preciosa!
- No, no me has mirado, y ya creo que no te gusto.
- Como que no, pero si solo tengo ojos para ti.
- Sí, sí, para mí y para tus amiguitas de la oficina.
- Pero si no las hago ni caso, todo mi tiempo es para ti.
- Y de tus amigorros con los que juegas al fútbol, ¿qué me dices? Estás casi
más con ellos que conmigo.
- ¡Pero si solo quedamos un día al mes!
- Ya, pero estás deseando que llegue ese día y a mí no me haces ni caso.
- Anda, cariño, no te enfades, y vámonos a cenar, que hoy va a ser una noche
especial.
-Especial, especial, pero yo me quedo en casa, y pasaré toda la noche llorando.
-Venga, cariño, no seas melodramática ...


Media hora después, tras pedir perdón de rodillas, nuestro chico sale como un corderito del brazo de su amada, radiante tras el triunfo obtenido: ni fútbol, ni amiguitas, ni amigorros en dos meses, sólo tendrá tiempo para su amorcito.

Pobre hombre, ha caído en la red de una melodramática.


Y para que practiquéis y ampliéis vuestros conocimientos o aprendáis a defenderos mejor (según el caso), os hago unas propuestas cinematográficas. Para empezar, podríamos definir el melodrama como el género en el que se entremezcla lo sensible y emocional a la vida cotidiana.



Estas películas tuvieron su momento cumbre en la segunda mitad del siglo XX, en especial entre el público femenino, siempre más sensible para las obras de arte, todo hay que decirlo. Entre las cientos de películas que hay, os voy a recomendar cuatro, de diferentes épocas: La gata sobre el tejado de cinc, Tiempo de amar, tiempo de morir, Al Este del Edén y Los puentes de Madison.



Se admiten sugerencias.

P.S.: Todo lo anterior ha sido escrito con todo mi amor y cariño para todas las melodramáticas del mundo, por si alguna se diera por aludida.

martes, 20 de enero de 2009

NUAREJADA Nº 2


Hace tiempo leí que tal vez Homero no hubiera existido y que a su nombre figurarían varias obras escritas realmente por autores diferentes.

Esto me hace pensar una cosa.¿Podría ser que, dentro de 100.000 años, encontraran entre los restos de nuestra civilización, un montón de obras de un tal "Planeta" y pensaran que fue un porlífico autor de todo tipo de obras literarias?

Reflexionad sobre el tema.

domingo, 18 de enero de 2009

EDOARDO BENNATO




Siguiendo con la línea neo-ecléctica que nos caracteriza, hoy os presento una recomendación musical. Como sabéis algunos, mi ya conocida italianofilia está alcanzando sus cotas más altas en estos últimos tiempos.
Como mis conocimientos del idioma aún son limitados, me tengo que conformar con películas subtituladas, de las que algún día hablaremos y de los temas de conocidos cantantes italianos, tipo Pausini o Ramazzotti. Para empezar no está mal.
Sin embargo, escarbando un poco en el planeta musical del país transalpino se encuentran joyas como una que me ha recomendado Eleonora, una de mis profes de italiano.
Edoardo Bennato nació un 21 de Julio (gran día, vive Dios) de hace ya unos cuantos años en Nápoles. Comenzó bien prontito en la música, junto a sus dos hermanos. Tiene un perfil de cantautor que domina varios instrumentos, con especial atención a la guitarra y la armónica. El clásico cantautor.
El éxito le llega en los años 70, destacando especialmente el disco Burattino senza fili, publicado en 1977, y que contiene la canción Il Gatto e la Volpe, considerado todo un clásico de la canzonetta italiana. Además de un ritmo en el que se aprecian influencias de los sesenta con los hits de San Remo, contiene una mordaz crítica a la sociedad de consumo, alineándose siempre al lado del oprimimido y desarraigado, frente a los poderosos. Su letra ejemplifica una de las mayores preocupaciones del autor: el conflicto entre la sinceridad de los más débiles y la hipocresía del grande. A finales de los 70 publica el mejor disco de toda su carrera, Sono solo canzonette. Contiene un tema maravilloso, La isola che non c’è que os recomiendo escuchéis con detenimiento. Desborda poesía y sentimiento y ¡quién no ha soñado alguna vez ser Peter Pan!