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miércoles, 21 de enero de 2009

MELODRAMAS

Nos pasamos la vida lanzado acusaciones, muchas de ellas injustas, a las mujeres que nos rodean: madre, hermanas (el que las tenga) y novias y/o esposas (cualquiera de sus dos versiones me sirve). Una de las más elegantes, aunque cruel para con las interfectas, es la de ser melodramática.

Las madres al principio nos protegen, siempre nos quieren y durante una buena parte de su vida creen que somos de su propiedad. Pasan los años, los niños crecen y pretenden hacer sus cuatro voluntades. A ver si os suena:



-¿Dónde vas?
- Por ahí.

-¿Con quien has salido?
- Con gente.

-¿Quién es esa chica?
- Bah, una amiga.





Cuando la adolescencia llega, las madres no saben que hacer con los hijos, todo les angustia, con nada están conformes. De repente, un día, la línea de su tolerancia se ve rebasada y empieza a soltar un sermón-perorata al pelanas de turno en que se ha convertido su hijito rollizo, y éste les espeta sin rubor: “¡Mamá, por favor, no seas melodramática!”

Con las hermanas, las acusaciones pueden llegar a ser más violentas y llegar a lo más íntimo del ser de uno mismo, aunque en este caso la reciprocidad suele ser una constante, con lo cual, quedamos en paz.

-Tú eres un cerdo.
-Y tú una melodramática.

Pero pasamos al grupo de las relaciones carnales y/o sentimentales. Es ahí donde la hembra da rienda suelta a su desatado sentido de la teatralidad, y sacan a la melodramática que llevan dentro. Es una especie de chica que no está muy de moda entre los cánones de feminidad existentes, ya que en muchos casos se asocia a debilidad, ñoñería o “desfase”. El caso es que te las encuentras por todas partes y considero que hacen de la necesidad virtud y emplean sus dotes melodramáticas para hacer de nosotros lo que les parece.

Muchas situaciones de la vida cotidiana reflejan la personalidad de la melodramática a la perfección. Analicemos un ejemplo.

Pareja preparándose para ir a cenar en plan “cenita romántica”. Ella lleva dos horas en el cuarto de baño y él espera a que termine mientras lee el periódico, ya arreglado.

- Cariño, ¿me queda bien el vestido?
- Sí, sí, muy bien.
- ¿Pero si no me has mirado?!
- Si te he mirado, estas guapísima –y sigue leyendo el periódico-.
- Es verdad, no me has mirado, no sé por qué me esfuerzo tanto para
agradarte y tú, ahí, leyendo el periódico, tan pancho.
- Pero si ya te lo he dicho, estás guapísima, te queda fenomenal. Anda, no
seas tonta, vámonos, que llegamos tarde.
- Pues yo no estoy todavía. Me tengo que cambiar toda la ropa porque no te
gusta como voy.
- ¡Pero si te he dicho que sí, que estás preciosa!
- No, no me has mirado, y ya creo que no te gusto.
- Como que no, pero si solo tengo ojos para ti.
- Sí, sí, para mí y para tus amiguitas de la oficina.
- Pero si no las hago ni caso, todo mi tiempo es para ti.
- Y de tus amigorros con los que juegas al fútbol, ¿qué me dices? Estás casi
más con ellos que conmigo.
- ¡Pero si solo quedamos un día al mes!
- Ya, pero estás deseando que llegue ese día y a mí no me haces ni caso.
- Anda, cariño, no te enfades, y vámonos a cenar, que hoy va a ser una noche
especial.
-Especial, especial, pero yo me quedo en casa, y pasaré toda la noche llorando.
-Venga, cariño, no seas melodramática ...


Media hora después, tras pedir perdón de rodillas, nuestro chico sale como un corderito del brazo de su amada, radiante tras el triunfo obtenido: ni fútbol, ni amiguitas, ni amigorros en dos meses, sólo tendrá tiempo para su amorcito.

Pobre hombre, ha caído en la red de una melodramática.


Y para que practiquéis y ampliéis vuestros conocimientos o aprendáis a defenderos mejor (según el caso), os hago unas propuestas cinematográficas. Para empezar, podríamos definir el melodrama como el género en el que se entremezcla lo sensible y emocional a la vida cotidiana.



Estas películas tuvieron su momento cumbre en la segunda mitad del siglo XX, en especial entre el público femenino, siempre más sensible para las obras de arte, todo hay que decirlo. Entre las cientos de películas que hay, os voy a recomendar cuatro, de diferentes épocas: La gata sobre el tejado de cinc, Tiempo de amar, tiempo de morir, Al Este del Edén y Los puentes de Madison.



Se admiten sugerencias.

P.S.: Todo lo anterior ha sido escrito con todo mi amor y cariño para todas las melodramáticas del mundo, por si alguna se diera por aludida.

miércoles, 7 de enero de 2009

HIJOS II

Es un tema que recurre continuamente en mis pensamientos. Creo que es difícil que deje de hacerlo nunca. No me obsesiona, pero sí me preocupa pensar en ellos, en la transformación que produce en nuestro mundo, en lo externo y en lo más íntimo de nosotros

Ayer fue un día intenso. Ya empezó a serlo desde la mañana de cinco hasta bien entrada la noche. Un año esperando que llegue ese momento. Nervios como en la primera cita con una chica (tal vez mucho más), inquietud como cuando se esperan las notas del examen (eso tampoco lo conocen, pero ya les llegará).

La noche. Ruidos en la noche. Inquietud entre las sábanas de globos, ositos y ratón Mickey. "Papá, no me duermo". "Me quedo un poquito contigo, ¿vale?". Las horas pasan, el sueño no llega, se siguen oyendo ruidos.

Pasos en el pasillo. Crujidos de la tarima del piso de arriba. Más pasos en el paillo, esta vez pequeños y livianos. Luz del baño encendida. Los pasitos hacen el camino de vuelta. Ruido de manta sobre cuerpecito tierno y suave. "Papá, no me duermo. ¿Qué hora es?".

Y así hasta que se ahace el silencio en todo el edificio, y la magia de la noche se adueña del mundo y los sueños nos envuelven a todos, mayores y pequeños.

Mañana será otro día, EL DÍA.

Después de un duro día de envoltorios, idas y venidas, Izalda y yo nos hundimos agotados en el sofá a ver una peli. ¡Y qué fuerte lo que hemos visto! Una maravilla. La stanza del figlio, de Nanni Moretti. Para los que no le conozcan, este hombre es un cineasta polifacético y autodidacta, políticamente comprometido con el cambio radical en toda la clase política italiana, y con una sensibilidad para lo cotidiano que tocar la fibra sensible del espectador.



La habitación del hijo consiguió la Palma de Oro en Cannes en 2001, con todo merecimiento. Cuenta la historia de una familia itliana media, acomodada pero sin estridencias. Está formada por el matrimonio, psicoterapéuta él, mujer de letras con librería ella, y dos hijos (varón y mujer) adolescentes, con una relación entre ellos totalmente envidiable.

La vida transcurre dulcemente, con una serie de rutinas aparentemente gratificantes, hasta que sus vidas dan un giro de 180 grados, como consecuencia de la trágica muerte del hijo, cuya habitación se hace un pequeño referente de la trama. Moretti trata el tema con una gran dulzura, aunque lo hace de un modo muy creíble, sin caer en la ñoñería ni ser demasiado tremendista. Un delicia, a pesar de lo duro del tema.

No cuento más. Os la recomiendo vivamente.

domingo, 21 de diciembre de 2008

AMIGOS



There are places I remember all my life,
Though some have changed
Some forever, not for better,
Some have gone and some remain

En 1965, unos melenudos, en aquel tiempo algo pretenciosos, y pagados de ellos mismos por el éxito que llevaban varios años disfrutando, publicaron un disco con una canción que comenzaba con esta estrofa. Cuarenta y tres años después, en un blog nada pagado de él mismo, alguien lo utilizaba para comenzar una reflexión sobre los amigos, presentes, pasados y futuros...

El tema de la amistad es recurrente en películas, libros y canciones. Junto con el amor chico-chica, en una de los argumentos preferidos por los artistas a la hora de comunicar sus sentimientos, de transmitir sus emociones. Es un tema fácil de tratar superficialmente, porque es el receptor del mensaje el que en muchos casos hace todo el trabajo, evocando sus propias vivencias y creando un paralelismo con lo que pudo ser o lo que quisiera que hubiera sido.

¿Todos nos hemos enamorado de la novia de nuestro mejor amigo? ¿El alcohol es el paño de lágrimas de media humanidad? ¿Y la amiga fea de la panda es el paño de la otra media? ¿Quién no ha soñado con volver a casa por Navidad? ¿Alguna vez se te han erizado los pelillos con “la chispa de la vida”?

El caso es que si con vulgaridades o lugares comunes nuestro corazoncito se mueve y eso hace que escuchemos tal o cual canción, ahora entiendo lo que pasa cuando en nuestro camino se cruza algo genial, o una obra maestra.

All these places had their moments
With lovers and friends I still can recall
Some are dead and some are living,
In my life I love them all.

Resulta muy estimulante hacer mezclas de personas afines de distintas edades por caracteres afines. Te enseñan mucho, te dan ideas y pautas para comportarte en la vida. Creo que debemos aprender de todo aquello que nos encontramos en nuestro camino. Eso es lo que yo entiendo por experimentar. No cerrarse a nada ni a nadie y abrir nuestra mente al mundo que nos rodea.

El otro día me contaba una amiga postiza veinteañera, Bea, para más señas, que a la gente de mi edad le gusta mucho una conocida canción que hablaba de una panda de amigos que a lo largo de los años se habían ido disgregando por diferentes confines de la galaxia. Unos tenían hijos, otros estaban enrollados, otros yo que sé. Parece ser que cuando nos acercamos a los cuarenta pasan por delante de nosotros fragmentos, fotogramas de nuestra vida. Deben ser como estos programas que se hace en fin de año, recordando las cosas importantes que han pasado. Que esto desemboque en una crisis o no, dependerá de cómo de llenas estén nuestras alforjas, y cual sea el contenido de las mismas.

But of all these friends and lovers,
There is no one compraes with you,
And these mem’ries lost their meaning
When I think of love as something new

Eva y Juan Aguirre hacen un recorrido con nombres, que podrían ser los de cualquier amigo de cualquier persona, mirando atrás sin ira, un ayer en el que Marta, Sebas, Carlos, su hermana Isabel, Lidia, Claudia, Guille y los demás, “Mis amigos”, pasaban en la calle las horas. Luego la diáspora se hizo y al final, Claudia tuvo un hijo y de Guille nada se supo.

Me he hecho algo pragmático en este aspecto. Los amigos los hacemos a lo largo del camino, y creo que es imposible que en nuestro carro quepan todos. La comitiva que llevamos es limitada, y si queremos hacer las cosas bien, es inevitable que haya miembros de la misma que no nos sigan en el camino. Eso no quiere decir que ya no los queramos, que ya no nos “sirvan”, valga la expresión. En otras estaciones del camino puede que nos los encontremos. De hecho, siempre nos encontramos a personas en el camino. A Claudia con su hijo, a Carlos y su hermana Isabel, incluso al Guille del que nunca más se supo.

Though I know I’ll never lose affection
For people and things that went before,
I know I’ll often stop and think about them,
In my life I’ll love you more.

¿Por qué mi amiga postiza Bea piensa que a los puretas como yo nos gusta tanto esta canción? ¿Es que somos los únicos que abandonamos amigos en el camino? ¿Es esta la edad en la que te das cuenta de que tal vez no vuelvas a ver nunca más a alguna persona, y no necesariamente por que alguno de los dos hayáis muerto? ¿O tal vez será porque con el paso del ecuador de la vida, como dije antes, pasan delante de nosotros todos esos momentos de la vida que fueron importantes, pero que pasaron hace tiempo, y que fueron olvidados en la nebulosa de los recuerdos?

Though I know I’ll never lose affection
For people and things that went before,
I know I’ll often stop and think about them,
In my life I’ll love you more
In my life I’ll love you more

Todas estas estrofas se resumen en una sola línea, escueta y scotish: Auld lang syne, que es la estrella de las películas “con sentimiento” del mundo anglosajón (ya me gustaría tener algo así por estos lares).

Valga el estribillo como colofón.

For auld lang syne, my jo,
For auld lang syne,
We’ll tak a cup o’ kindness yet,
For auld lang syne

miércoles, 17 de diciembre de 2008

HIJOS

En una de esas tertulias nocturnas de gin tonic en copa de culo ancho hablaba con unos colleghi sobre las estampas costumbristas de una familia media (como siempre que hablamos de lo “medio”, nos referimos a lo nuestro), de un treintatodero como yo, con mujer e hijos que creen en los Reyes Magos.

En medio de la conversación me paré a pensar que ya no recordaba bien la sensación de “no tener hijos”, de “no ser padre”. Tal es la fuerza que la Naturaleza imprime a la entidad de la paternidad.

La verdad es que el macho hace bastante poco en este invento que es la procreación, pero le cunde más que a la hembra, al menos en la especie humana. Nos libramos de un proceso de metamorfosis tremendo en el cuerpo que pone a prueba la salud mental y física (si a la mujer se le pasara un consentimiento informado del embarazo y parto, la Civilización Occidental habría acabado hace años). A cambio, y a poco listo que se sea, se reciben cariños sinceros, sin pretender nada, sólo por hecho de ser quien eres. Caricias difíciles de equiparar a nada que conocieras antes. Miradas limpias que pretenden meter tu ser dentro de su cerebro para intentar imitar tu comportamiento en un mundo que empiezan a descubrir.

Por eso es tan difícil ser padre, mucho más que ser madre. Ellas lo tienen todo ganado, tal vez por ese intercambio de fluidos sanguíneos que tiene lugar durante nueve meses y de lácteos durante un tiempo variable tras el nacimiento. Nosotros nos lo tenemos que ganar todos los días.

Es duro pensar que van a resaltarse siempre tus errores, tus debilidades y tus momentos de duda y desconcierto. Un hijo necesita certezas, seguridades y protección. Y el padre es una figura ideal para darle eso. Cuando lo que recibe es diferente, el hijo sufre más que con cualquier cosa. Él no entiende que a veces es lo que hay que darle, aun sin quererlo, y con más sufrimiento por nuestra parte que el que pueda imaginar en su pequeña mente.

Por eso los hijos disfrutan en el fútbol, el baloncesto y todas esas cosas estereotípicamente masculinas, porque le unen al padre como le unía a la madre el cordón umbilical. Y quien dice fútbol, dice coleccionar cosas, ir de excursión o leer un buen libro. Él quiere ser como tú, andar como tú, sentir como tú...

Y por si fuera poca la dificultad descrita, también tenemos que dejarles que sean ellos mismos ...

Seguiremos reflexionando sobre el tema.

P.D.: “... esta corporeidad mortal y rosa
donde el amor inventa su infinito.”

PEDRO SALINAS