Nos pasamos la vida lanzado acusaciones, muchas de ellas injustas, a las mujeres que nos rodean: madre, hermanas (el que las tenga) y novias y/o esposas (cualquiera de sus dos versiones me sirve). Una de las más elegantes, aunque cruel para con las interfectas, es la de ser melodramática.
Las madres al principio nos protegen, siempre nos quieren y durante una buena parte de su vida creen que somos de su propiedad. Pasan los años, los niños crecen y pretenden hacer sus cuatro voluntades. A ver si os suena:
Las madres al principio nos protegen, siempre nos quieren y durante una buena parte de su vida creen que somos de su propiedad. Pasan los años, los niños crecen y pretenden hacer sus cuatro voluntades. A ver si os suena:
Cuando la adolescencia llega, las madres no saben que hacer con los hijos, todo les angustia, con nada están conformes. De repente, un día, la línea de su tolerancia se ve rebasada y empieza a soltar un sermón-perorata al pelanas de turno en que se ha convertido su hijito rollizo, y éste les espeta sin rubor: “¡Mamá, por favor, no seas melodramática!”
Con las hermanas, las acusaciones pueden llegar a ser más violentas y llegar a lo más íntimo del ser de uno mismo, aunque en este caso la reciprocidad suele ser una constante, con lo cual, quedamos en paz.
-Tú eres un cerdo.
-Y tú una melodramática.
Pero pasamos al grupo de las relaciones carnales y/o sentimentales. Es ahí donde la hembra da rienda suelta a su desatado sentido de la teatralidad, y sacan a la melodramática que llevan dentro. Es una especie de chica que no está muy de moda entre los cánones de feminidad existentes, ya que en muchos casos se asocia a debilidad, ñoñería o “desfase”. El caso es que te las encuentras por todas partes y considero que hacen de la necesidad virtud y emplean sus dotes melodramáticas para hacer de nosotros lo que les parece.
Muchas situaciones de la vida cotidiana reflejan la personalidad de la melodramática a la perfección. Analicemos un ejemplo.
Pareja preparándose para ir a cenar en plan “cenita romántica”. Ella lleva dos horas en el cuarto de baño y él espera a que termine mientras lee el periódico, ya arreglado.
- Cariño, ¿me queda bien el vestido?
- Sí, sí, muy bien.
- ¿Pero si no me has mirado?!
- Si te he mirado, estas guapísima –y sigue leyendo el periódico-.
- Es verdad, no me has mirado, no sé por qué me esfuerzo tanto para
agradarte y tú, ahí, leyendo el periódico, tan pancho.
- Pero si ya te lo he dicho, estás guapísima, te queda fenomenal. Anda, no
seas tonta, vámonos, que llegamos tarde.
- Pues yo no estoy todavía. Me tengo que cambiar toda la ropa porque no te
gusta como voy.
- ¡Pero si te he dicho que sí, que estás preciosa!
- No, no me has mirado, y ya creo que no te gusto.
- Como que no, pero si solo tengo ojos para ti.
- Sí, sí, para mí y para tus amiguitas de la oficina.
- Pero si no las hago ni caso, todo mi tiempo es para ti.
- Y de tus amigorros con los que juegas al fútbol, ¿qué me dices? Estás casi
más con ellos que conmigo.
- ¡Pero si solo quedamos un día al mes!
- Ya, pero estás deseando que llegue ese día y a mí no me haces ni caso.
- Anda, cariño, no te enfades, y vámonos a cenar, que hoy va a ser una noche
especial.
-Especial, especial, pero yo me quedo en casa, y pasaré toda la noche llorando.
-Venga, cariño, no seas melodramática ...
Media hora después, tras pedir perdón de rodillas, nuestro chico sale como un corderito del brazo de su amada, radiante tras el triunfo obtenido: ni fútbol, ni amiguitas, ni amigorros en dos meses, sólo tendrá tiempo para su amorcito.
Pobre hombre, ha caído en la red de una melodramática.
Y para que practiquéis y ampliéis vuestros conocimientos o aprendáis a defenderos mejor (según el caso), os hago unas propuestas cinematográficas. Para empezar, podríamos definir el melodrama como el género en el que se entremezcla lo sensible y emocional a la vida cotidiana.
Con las hermanas, las acusaciones pueden llegar a ser más violentas y llegar a lo más íntimo del ser de uno mismo, aunque en este caso la reciprocidad suele ser una constante, con lo cual, quedamos en paz.
-Tú eres un cerdo.
-Y tú una melodramática.
Pero pasamos al grupo de las relaciones carnales y/o sentimentales. Es ahí donde la hembra da rienda suelta a su desatado sentido de la teatralidad, y sacan a la melodramática que llevan dentro. Es una especie de chica que no está muy de moda entre los cánones de feminidad existentes, ya que en muchos casos se asocia a debilidad, ñoñería o “desfase”. El caso es que te las encuentras por todas partes y considero que hacen de la necesidad virtud y emplean sus dotes melodramáticas para hacer de nosotros lo que les parece.
Muchas situaciones de la vida cotidiana reflejan la personalidad de la melodramática a la perfección. Analicemos un ejemplo.
Pareja preparándose para ir a cenar en plan “cenita romántica”. Ella lleva dos horas en el cuarto de baño y él espera a que termine mientras lee el periódico, ya arreglado.
- Cariño, ¿me queda bien el vestido?
- Sí, sí, muy bien.
- ¿Pero si no me has mirado?!
- Si te he mirado, estas guapísima –y sigue leyendo el periódico-.
- Es verdad, no me has mirado, no sé por qué me esfuerzo tanto para
agradarte y tú, ahí, leyendo el periódico, tan pancho.
- Pero si ya te lo he dicho, estás guapísima, te queda fenomenal. Anda, no
seas tonta, vámonos, que llegamos tarde.
- Pues yo no estoy todavía. Me tengo que cambiar toda la ropa porque no te
gusta como voy.
- ¡Pero si te he dicho que sí, que estás preciosa!
- No, no me has mirado, y ya creo que no te gusto.
- Como que no, pero si solo tengo ojos para ti.
- Sí, sí, para mí y para tus amiguitas de la oficina.
- Pero si no las hago ni caso, todo mi tiempo es para ti.
- Y de tus amigorros con los que juegas al fútbol, ¿qué me dices? Estás casi
más con ellos que conmigo.
- ¡Pero si solo quedamos un día al mes!
- Ya, pero estás deseando que llegue ese día y a mí no me haces ni caso.
- Anda, cariño, no te enfades, y vámonos a cenar, que hoy va a ser una noche
especial.
-Especial, especial, pero yo me quedo en casa, y pasaré toda la noche llorando.
-Venga, cariño, no seas melodramática ...
Media hora después, tras pedir perdón de rodillas, nuestro chico sale como un corderito del brazo de su amada, radiante tras el triunfo obtenido: ni fútbol, ni amiguitas, ni amigorros en dos meses, sólo tendrá tiempo para su amorcito.
Pobre hombre, ha caído en la red de una melodramática.
Y para que practiquéis y ampliéis vuestros conocimientos o aprendáis a defenderos mejor (según el caso), os hago unas propuestas cinematográficas. Para empezar, podríamos definir el melodrama como el género en el que se entremezcla lo sensible y emocional a la vida cotidiana.

Estas películas tuvieron su momento cumbre en la segunda mitad del siglo XX, en especial entre el público femenino, siempre más sensible para las obras de arte, todo hay que decirlo. Entre las cientos de películas que hay, os voy a recomendar cuatro, de diferentes épocas: La gata sobre el tejado de cinc, Tiempo de amar, tiempo de morir, Al Este del Edén y Los puentes de Madison.
Se admiten sugerencias.
P.S.: Todo lo anterior ha sido escrito con todo mi amor y cariño para todas las melodramáticas del mundo, por si alguna se diera por aludida.
P.S.: Todo lo anterior ha sido escrito con todo mi amor y cariño para todas las melodramáticas del mundo, por si alguna se diera por aludida.


