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domingo, 22 de noviembre de 2009

40

¡¡¡Felicidades!!!

Aquí está tu post, con tu canción.

TQM



P.S.: Ha quedado un poco hortera, pero el amor es "ansí".

domingo, 6 de septiembre de 2009

SEPTEMBER


En la canción llovía, llovía y llovía. Frankie no paraba de cantar, el otoño aún no había llegado pero la lluvia golpeaba por momentos furiosa los cristales del balcón de mis habitación. Aquel fue el único verano en que tuve que estudiar para los exámenes de Septiembre. Sólo recuerdo que llovía, las tormentas vespertinas se repetían uno y otro día, como si intentaran que algo creciera en mi corazón de estudiante agobiado y angustiado por la dureza de los compromisos.




Demasiada presión para tan pocos años, tal vez demasiada responsabilidad, aunque sólo fuera para mí mismo. El año anterior había sido el año de pasar con todo raspando, bordeando el abismo del curso repetido (eran años duros aquellos los de la Autónoma), aunque las fiestas de los viernes por la noche ayudaban a ahogar las penas, siquiera en vasos de plástico llenos de alcohol de saldo.


Muchas noches de otros otoños, ya avanzado el curso, habían pasado regadas por la fina lluvia del Madrid de los noventa, cuando el botellón aun no existía, al menos como lo conocemos ahora. Los que ahora cumplimos cuarenta, peinamos canas y aclaramos coronilla con niños agarrados de los brazos gozábamos de la lluvia cayendo sobre nuestro pelo engominado y una chupa de cuero resistente que todo lo aguantaba. Dentro de los coches, muchos nuevos de niño rico, otros, como el mío, de segunda mano, las canciones cantadas sin miedo al desafine goberneban la noche, incluso cuando las gotas de lluvia arreciaban, y se hacían gordas, como lágrimas de niño.


Algunas tarden pasaban, de tertulia, animadas y de mus, siempre con amigos, pacharán y humo en las cantinas, sin restricciones modernas, sólo interrumpidas por las visitas de alguna que otra chica que, distraida, nos miraba y luego se marchaba para su acicalamiento y posterior quedada, a veces solitaria, a veces masiva.


Aquel verano lluvioso, de hace muchos años mi carrera dio un giro inesperado. Pasó de renqueante a segura, de tediosa a querida, de insegura a firme y decidida. Me paro a pensar en lo que soy ahora, en como he cambiado y recuerdo aquel verano. Veo ahora todo lo que aprensí con la lluvia de ese Septiembre en mi ventana, de como me dio un carácter que puede que antes no tuviera.

Fue duro para mí, pero me enseñó a afrontar las tormentas de la vida, al menos a afrontarlas. Me enseñó a mirar por la ventana por las mañanas, a escuchar la previsión del tiempo y a no salir de casa sin paraguas ni jersey, que no hay nada más tonto que mojarse y pasar frío pudiendo haberlo evitado.





P.S.: Si alguien encuentra la de Sinatra, por favor, que me pase el enlace.

sábado, 25 de julio de 2009

PIAZZA DEI MIRACOLI

Los milagros existen. En estos tiempos en que nada nos sorprende, o al menos hacemos todo lo posible para que sea así, pueden ocurrir cosas que te dejen con el corazón en suspenso, esperando que llegue el siguiente latido, para pasar a experimentar la taquicardia más feroz.
Repito, nada nos altera, más bien, nada nos sorprende, solamente las imágenes impactantes de la televisión, que sólo nos afectan a uno y como mucho dos sentidos. Tenemos cinco sentidos, miles de conexiones en nuestra mente y montones de sensaciones desconocidas en nuestra alma. Ahí es donde llega de verdad la sorpresa, el milagro de seguir viviendo.
Llegas a una ciudad, aparcas el coches, coges un plano y comienzas a caminar. Doblas una esquina y abres los ojos, muy abiertos, y los oídos, la nariz, la boca y todos los poros de tu piel. Y de repente ocurre, se te para el corazón, queda en suspenso y después, comienza a palpitar, como un loco, desbocado, con los pelos de punta y las pupilas dilatadas.
No hay que reaccionar, sólo debemos disfrutar de ese primer momento, de ese impacto indescriptible que ocurre pocas veces en la vida, y pienso que a veces ya casi no ocurre. Nos hemos acostumbrado a que no ocurra. El impacto de lo nuevo es momentáneo, como de comida prefabricada, sin sabor, sin sustancia, como de un chicle que se usa y se tira. No nos deja poso, solamente deja su sitio para el impacto siguiente.
Lo antiguo tiene algo que nos llega muy adentro. Es como si una parte de nuestro ADN mitocondrial, lo más antiguo que tenemos en nuestro interior, se revolviera en los rincones de las células donde habita, y nos recordara de donde venimos, lo que somos y hacia donde debemos dirigirnos.
Puede resultar algo snob, pero a veces tenemos que viajar lejos para quedar impactados por
algo que supera la rutina en la que nos movemos. Los humildes mortales no podemos ser sublimes sin interrupción, debemos conformarnos con ir a Pisa, a ver el mármol blanco sobre la hierba verde bajo el cielo azul de la Piazza dei Miracoli. Doblar la esquina de la muralla y cruzar la puerta de entrada al recinto, ver los monumentos ...
Los milagros existen y están dentro de nosotros mismos. Sólo hace falta que el resorte salte y se haga la luz. No solo la luz, sino el sonido, el gusto, el tacto, el olfato y todo lo demás.

P.D.: Teniendo en cuenta el paso de los días y de las noches, es hora de actualizar mi perfil y anunciar que he cambiado de década. Gracias a tod@s por estar ahí.

lunes, 13 de julio de 2009

SEIS




Hoy cumple años mi precioso segundo vástago, mi spitting image, guapísimo, dulce, cariñoso, de bebé a niño recién. Ha pasado su cumpleaños entre calores, regalos, besos y juegos. Ahora duerme, y mañana podrá ver su regalo cibernético.

Te quiero mucho, te queremos mucho, sé feliz, vive feliz, duerme feliz.

lunes, 18 de mayo de 2009

MIENTRAS ESPERO II

Mientras espero, sino cruel el mío, de nuevo escribo. Miro todo lo que me encuentro a mí alrededor y mientras miro, escribo y escribo. No sé muy bien porque lo hago, pero no encuentro remedio para dejar de hacerlo. Mientras veo lo que hacen los que me rodean, escribo y escribo. Ellos me ven, pero no saben lo que escribo.
El tiempo de la espera se hace largo. Lo dicen los niños, me preguntan mis hijos. El tiempo se hace largo mientras algo esperas, y nos pide que le matemos, pero lo hace porque sabe que él nunca va a morir, y que nosotros algún día lo haremos, pero nos consuela haciéndonos creer que le herimos con nuestras maniobras para despistarlo.

Suenas mariposas en mi estómago, aunque no son fruto del amor desatado, que también, sino de la falta de contenido en mi tubo digestivo. Eso hace algo más amena la espera, aunque el tiempo trascurra lento y provocador. Me esfuerzo para que las palabras queden bien plasmadas en la pantalla del portátil, pero no hay manera. Los errores de dedos rápidos y alguna falta de ortografía, ocasionalmente vergonzante, hacen que el hilo de la reflexión se vea interrumpido con las pausas requeridas para la corrección correspondiente.

Los monitores son rebeldes e interrumpen mi discurso. Los miro, contemplo sus colores y sus cambios con interés. Todo marcha bien, el escrito puede seguir sin peligro. La espera se acorta, mas se hace intensa por momentos. Los ruidos de mis tripas aumentan. Ya no son mariposas ni farfallinas ni butterflies ni nada por el estilo. Se han convertido en tripas corrientes y molientes, material primario de mi organismo, que reclama su sitio en la rutina diaria.

Reclaman su sitio las tripas. Han sido injustamente relegadas. El estómago habla al resto del cuerpo, avisando que ahí está, con sus primos los intestinos, el delgado y el grueso. Y dice que es mejor hacerles caso, por el bien del resto de órganos, aparentemente más nobles, pero en el fondo débiles y dependientes.

Chambao suena en la radio, y apaga los ruidos, casi rugidos, de mi tubo digestivo. Cedo ante sus avisos, me pliego a sus designios, termino de escribir, guardo lo escrito, cierro el portátil, busco un amigo y me voy a comer.

martes, 12 de mayo de 2009

ITV

Hace unos años, mi admirado y difunto Umbral decidió escribir un libro de esos suyos de temas variados con la famosa pildorita azul que toman algunos para estimular el cerebro ese que tenemos debajo de la cintura. Con la agudeza y oportunismo que siempre le caracterizó la probó, sólo por experimentar, según él, no por necesidad, y le salió "Historias de amor y Viagra".

Empiezo así no porque la necesite, al menos no de momento, sino por el hecho de escribir bajo los efectos de fármacos que afectan de una u otra manera al SNC. Y ese es mi caso hoy. He pasado una especie de ITV de las tripas por dentro y para ello me han puesto la leche esa que sale en Anatomía de Grey. Aunque ya la había probado antes (por necesidad, no por vicio, que quede claro), nunca había hecho el experimento, y aprovecho la ocasión, puesto que la siguiente sita es dentro de tres años, y ya es largo fiarlo para tanto tiempo.

¿Cómo me siento? Aparentemente bien. Confieso que estaba con miedo y nervioso, la espera ha sido tensa, aunque amenizada por mi gente. Luego todo ha ido muy rápido: te tumban, te pinchar, te ponen el dedo de ET y te duermen. Así de fácil. Te duermen la siesta, como a los bebés. Quieras o no te duermes.

Es un sueño plácido, como de borrachera, pero sin resaca. Te despiertas, y sólo quieres hablar, y hablas. Y de la mitad no te acuerdas, así que no sabes bien si has dicho ninguna tontería, que seguro que sí. Vamos, que yo le he preguntado la primera enfermera que me he cruzado que si tenía hemorroides, así, delante de todo el mundo. Y la verdad es que te da igual. Es como los restos de un "pedete lúcido".

Luego te vas a desayunar, con un hambre que no veas, lo cual es buena señal, o instinto de supervivencia: después de una experiencia traumática el cuerpo pide energía, y vas a "La Despensa" y te zampas café, bollo y zumito de naranja, como un señor. Ya repuesto, viene el cansancio, y le pides a tu churri que te lleve a casa.

En casa, con la asistenta dando vueltas, no sabes que hacer, y tampoco le vas a explicar que coño haces en casa a esas horas, que cuando oye la puerta se cree que eres Jack el Destripador. Y digo yo, quien voy a ser abriendo la puerta de mi casa con las llaves. En fin, cosas de asistentas.

Pasan las horas, la euforia se pasa, te lees el informe, aliviado y enciendes el ordenador para navegar un poco, porque no te apetece hacer nada. El cerebro se ha quedado resacoso, aunque el cuerpo esté aliviado.

Voy a comer, y a olvidarme de los nervios del día anterior oyendo a The Beatles y a ver si se me ocurre un final para el cuento de Blonda, que el plazo termina mañana.