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sábado, 13 de abril de 2013

Granada

Un experimento dentro de otro experimento. Eso es lo que comienzo a escribir.

Tres años. Parece como sí mis manos hubieran estado en una barrica de roble americano, en reserva. Suena pretencioso, pues más bien podría decir  que han estado en barbecho, en un barbecho rotatorio, dedicándose a otros menesteres.

¡Cuanto se ha quedado en el camino! ¡Cuanto de mi vida he dejado en la cuneta!

La vida parece a veces una travesía en el desierto, en la que tienes que desprenderte de enseres, útiles o no, para seguir adelante. Es difícil no sentirse a veces así, como siguiendo una ruta por el desierto, tratando de encontrar el rumbo guiñadores solamente por el brillo de las estrellas en la noche.
El vivir la vida, oh misterio, parece que en ocasiones solo pueda hacerse desprendiéndonos de lo que nos sobra, o de lo que podamos en un momento prescindir. Ligero de equipaje se viaja mejor, pero también con más incertidumbre, con menos garantía de superar lo que venga a cruzarse en nuestro camino.

La fuerza de la costumbre es lo que nos hace llevar adelante muchos proyectos. Reinventarnos  para tal vez ser nosotros mismos, lo mismos de siempre, pero nosotros de verdad, puede que sea el secreto para sacarle el meollo a la vida.

Esta página en blanco siempre me ha ayudado a hacerlo y quiero que siga siendo así. Quiero que vuelvan la poesía, la plaza mojada, el salón de la absenta, la música y más cosas. Esta es mi primera llamada desesperada para que vuelvan.
En tres años han cambiado mis convicciones, que no mis creencias, ni mis amores.

Todos hemos crecido, y sobre todo los niños, y yo en gran parte gracias a ellos. Son mi proyecto, y quiero que ellos me consideren también parte del mismo. Ahora duermen.

Mañana será otro día.



Baci

domingo, 30 de mayo de 2010

HOLA

Antes de nada quiero disculparme ante todos vosotros que lleváis tiempo esperando mis pequeñas aportaciones literario-vivenciales (no sé si más de lo segundo o de lo primero) en este humilde rincón del ciberespacio. He estado demasiado pasota, pero todos pasamos por etapas, ¿no?.
Justo comenzaba a escribir, de noche, por sorpresa, cuando he visto el último comentario de Lila a mi último post y he llegado a sentirme mal, por lo que pido de nuevo disculpas.

¿Y ahora de qué escribo? Mientras conducía esta tarde de vuelta de un viaje me lo preguntaba en mi interior. ¿De que se puede escribir después de medio año en "hibernación"?

¿De que se habla con un amigo con el que te encuentras después de años de separación , sin hablar, sin saber nada el uno del otro? Esa situación puede ser cortante, tensa e incluso terminar con un apretón de manos y un "hasta luego", pero sin que tenga lugar la palabra "luego", más que para querer decir que nunca habrá ningún "luego". Los que me conocéis sabéis que yo siempre vuelvo, como en este caso, para hablar con vosotros, de lo que sea.

¿De qué deben hablar dos amigos del alma cuando la vida les encuentra pasados los años? Con que hablen de la vida es suficiente. Si fueron amigos de verdad se preguntarán "como estás" y esperarán a escuchar la respuesta.

Mi reencuentro va a ser breve, pero os doy mi promesa (aun a riesgo de no cumplirla) de seguir al pie del teclado, de la pantalla y de lo que haga falta.

Mañana será otro día y, entre lección y lección de italiano o lo que sea, seguiré con vosotros.

jueves, 14 de enero de 2010

SABOR A TIERRA

Sigo dándole vueltas al tema de las trufas. Confieso que mi primera impresión fue de un placer papilar difícil de explicar. No era un sabor claramente agradable, aunque sí que conectaba con unos receptores nerviosos que encendían áreas de mi cerebro gustativo que nunca habían sido estimuladas.
La primera impresión es la que cuenta, y fue embriagadora. Fue un platito de final láminas de trufa, sin cocinar, ligeramente recubiertas de aceite de oliva virgen extraído en frío. Una delicia.
La cena continuó y eso fue el origen del los males intestinales que siguieron horas después, en el frío de la madrugada, aunque considerando que fue un error mío y una escasa consideración por parte de la simpática camarera, no culparé a las trufas de esos males y aquellas angustias.
Volviendo sobre aquel platito inicial de trufas bañadas en oro líquido me parecen una recreación certera de los frutos más preciados de la tierra mediterránea: el oro líquido y el oro negro. Excelente combinación del trabajo del hombre que da un oro líquido y de la búsqueda de los tesoros más recónditos que dan unas láminas que saben a tierra. Pensándolo bien, creo que volveré a robar las trufas, aunque no de la opípara manera de mi estreno por tierras francesas.
¿Por qué me atrae el sabor de las trufas? ¿Por qué se pagan fortunas por ellas? ¿A qué sabe la tierra? ¿Por qué esa evocación de la tierra en forma de sabor me ha resultado tan atrayente?
La tierra nos entra por todos los sentidos, por los convencionales y por los que tenemos y desconocemos en donde se encuentran.
Caen unas gotas, las pistas forestales se van empapando ligeramente con el chispeo que precede a una tormenta de verano. Llueve con más fuerza y nos protegemos debajo del tejadillo de una casa de pueblo. Miramos como llueve mientras esperamos a que escampe. Deja de llover y comienza el olor a tierra mojada que dura el tiempo que tarda esa lluvia caída en la tierra en evaporarse.
Vemos Memorias de África y llega la escena de la avioneta con el Sol detrás y el marrón de la tierra africana impresiona nuestra retina. Los pelos se ponen de punta y todo el cuerpo se estremece solo de pensar como debe vivirse esa sensación en directo.
La gente que ha estado en la cuna del género humano, en el África más Subsahariana, donde el primer predecesor del hombre moderno decidió comenzar un viaje que le llevaría a las estrellas, habla de esas sensaciones. Algo hace estremecer hasta la última célula de su ser. Es una vuelta a los orígenes, una especie de deja vu genético difícil de explicar, y que sólo se puede sentir.
Polvo somos y en polvo nos hemos de convertir, de la tierra venimos y a ella volvemos. La teoría de Gaia parece algo desfasada aunque algo de verdad podría tener, y es que la Tierra, esta vez con mayúscula, no sólo es nuestra casa, somos parte de ella y ella parte de nosotros.

¿Será por eso que nos gustan las trufas?

viernes, 1 de enero de 2010

DEL PORQUÉ DE QUE NOS GUSTEN LAS TRUFAS (O NO)

Lo que voy a contaros en las siguientes líneas es un pensamiento complejo y muy elaborado. Llevo reflexionando sobre ello desde hace más de un es y creo que estoy en condiciones de presentar por escrito mis pensamientos. Como algunos sabéis, una especie de viaje iniciático del comienzo de la cuarentena me ha llevado a tierras que jamás pensé recorrer. Venciendo una de mis fobias, reconozco que algo injusta, me decidí a recorrer los campos, ciudades y pueblos de la Provenza francesa. Superada mi fobia al idioma y a algunas características conocidas de sus habitantes, me metí de lleno en los restos romanos, los castillos-palacio de roca imponente de las ciudades papales de Avignon y alrededores.

Cada noche, en compañía de mi churri y unos amigos, unos en cuerpo y otros, por azares de la vida, en espíritu, nos dábamos homenajes gastronómicos a mayor gloria de los cuarenta años cumplidos. La gastronomía francesa hace honor a su fama, aunque no siempre. Algún pero quiero ponerles a nuestros vecinos del Norte, y es que da la impresión de que la costumbre de combinar sabores y texturas se convierte a veces en una pequeña obsesión, con resultados inciertos a veces en los estómagos de sus clientes. Creo que han dejado de lado los sabores puros y se han lanzado en demasía en brazos de la fusión y los contrastes. No creo que éstos últimos sean malos, antes al contrario, pero un exceso de celo en este sentido puede amargar la noche al paladar más exigente.

Gastronómicamente hablando, decir Otoño en Francia es decir trufas. La trufa es una hongo muy selecto y escaso que la tierra alberga en su interior, a la espera de que un olfato privilegiado la detecte y dé a luz. Tuber melanosporum la llaman en la familia de los hongos comestibles. Es la reina del mundo micótico, con un reinado que se basa en una efímera y fugaz aparición en las tierras mojadas de las orillas del Mediterráneo. Expertos sabuesos, adiestrados por codiciosos humanos, husmean el suelo de robledales hasta alcanzar el frenesí de la extenuación que supone hacerse con la mayor pieza, que hará rico a su propietario.

Los franceses suspiran por la llegada de la trufa y nosotros, viajeros curiosos, nos preguntábamos todas las noches sobre las virtudes y cualidades de ese producto de la tierra, de tan poca agraciada apariencia. Desconocíamos su sabor y su olor, su textura, incluso su precio. Finalmente nuestro amigo Jerome, del hotel en el que nos alojábamos, nos recomendó un restaurante apropiado para introducirnos en el mundo de la "trufología".

Trufa de primero, trufa de segundo, trufa de tercero. Ese era el menú en cuestión y hacia
el nos lanzamos con una venda en los ojos. ¿A qué sabían las trufas? En primera instancia es difícil de explicar, no se parece a nada que hubiera podido paladear anteriormente. Es un sabor muy fuerte, ciertamente poco digestivo, intenso, de ahí que se precisen cantidades muy pequeñas para condimentar los platos que cada Otoño adornan las mesas más selectas. La pregunta estaba ahí y era insistente: ¿A qué saben las trufas?

Pues bien, tras superar una muy pesada digestión después del pantagruélico menú trufero, me he pasado más de un mes pensando en una respuesta satisfactoria y convincente a esta cuestión, por fin he podido atisbar una teoría sobre el sabor de la trufa y el porqué de tu éxito: SABE A TIERRA.

P.S.: Para empezar el año me parece una aceptable reflexión, pero será continuada por una disertación sobre la tierra o la Tierra, que mañana será otro día.

jueves, 17 de diciembre de 2009

LIBERTAD

Ando un poco pesadito últimamente con lo de la libertad. ¿Qué es la libertad? Vayamos a las fuentes oficiales. En su primera acepción, el DRAE nos dice "(Del lat. libertas, -ātis). 1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos."
Estos señores de la academia son muy listos y son capaces de resumir en pocas palabras algo por lo que miles, millones de personas han dado su vida, o ni siquiera eso, la han dado para que otros, a los que no llegaron a conocer, tal vez nosotros, fueran libres algún día.
Si seguimos avanzando en las acepciones de este vocablo en nuestra preciosa lengua, nos encontramos con las siguientes, algo más matizadas, pero más reveladoras si cabe:

"~ de conciencia.

1. f. Facultad de profesar cualquier religión sin ser inquietado por la autoridad pública.

~ de cultos.

1. f. Derecho de practicar públicamente los actos de la religión que cada uno profesa.

~ de imprenta.

1. f. Facultad de imprimir cuanto se quiera, sin previa censura, con sujeción a las leyes.

~ del espíritu.

1. f. Dominio o señorío del ánimo sobre las pasiones.

~ de pensamiento.

1. f. Derecho de manifestar, defender y propagar las opiniones propias."

Es difícil leer estas certeras definiciones y permanecer tranquilo en este mundo, ojo, en este mundo.
Reflexiono más aún. ¿Por qué vivimos en sociedad? ¿Cuál fue el origen del mundo en que vivimos? ¿Por qué se juntaron tres parejas de homínidos en la noche de los tiempos? ¿Por qué se empezó, en la sima de una hipotética Atapuerca, a curar al enfermo y no dejar solo al anciano?

¿Cuándo decidimos crear el Estado? A algún héroe de otros siglo se le ocurrió pensar que la unión hace la fuerza y que si nos ayudábamos entre vecinos todos salíamos ganado y nos beneficiamos de las cosas buenas de cada uno. En una suerte de mundo utópico y buenista en que todos éramos soldarios, como en la Constitución de las Cortes de Cádiz, según la cual los españoles debían ser justos y benéficos, se decidió crear un ente "suprapersonal" que velara por el cumplimiento de las normas y repartiera la riqueza por igual, según criterios de justicia y equidad. Pero ese ente creció y creció y engulló a sus creadores, formándose una especie de "matrix", en la que los credores quedaron englobados, perdiendo su libertad.

¿Estamos dentro de ese "Matrix"? Tal vez, yo no lo sé. Quiero creer que no. Quiero pensar que no. Lucho cada día por que no sea así. No me corresponde a mí decir si es así o no. Si recordáis la película, hasta los sistemas perfectos tienen sus fallos y mientras nuestro cerebrro gobierne, mientras el capitán de la nave pueda levantarse y dar un golpe de timón, la nave podrá decidir cual es el rumbo que quiere seguir.

Vientos de libertad soplan en las velas de nuestras vidas. Vientos de libertad que llenan el mundo de espíritus puros, que no deben dejar que sus voces sean ahogadas por el griterio de lo absurdo, de lo injusto, de las órdenes de un matrix que siempre nos ha sido ajeno.

QUE NADIE OS DIGA LO QUE TENÉIS QUE PENSAR, QUE NADIE OS DIGA LO QUE NO TENÉIS QUE NO PENSAR. SED LIBRES, PERO LIBRES DE VERDAD.

domingo, 13 de diciembre de 2009

HACE UN AÑO ...

Ayer, hace un año, las calles frías me veían pasar, enfundados bufanda y guantes, tal vez con un gorro que tapaba la coronilla, tímidamente descubierta por el paso de los años. Los inviernos han ido pasando irrespetuosos, frescos y desapacibles, aunque llenos de estímulos, proyectos y esperanzas. Este año ha pasado realmente como uno más, aunque me haya hecho cambiar de década, convencional y temporalmente hablando, pues el envejecimiento biológico es cosa de cada día y el mental no depende tanto del deterioro de las células como de ese intangible que nos gobierna y nos hace ser como somos.
Curioso echo la vista atrás de este último año, y lo veo un poco como los anteriores, pero con este blog en mi "haber".
Todavía sigo como el primer día, sin saber muy bien hasta donde me va a llevar, si es que ha de llevarme a algún sitio. Parece fruto de pequeños impulsos que hacen que avance, no tanto como en el fondo yo quisiera. Los hombres proponemos y planeamos, pero la realidad nos marca un ritmo que a veces es difícil, incluso imposible, romper.
Ando últimamente algo descarriado en cuanto a mi producción escrita,y tengo temas en el tintero que parecen no querer salir a la luz. A veces es por cansancio, otras por sobrecarga laboral, bastants por problemas informáticas en el trabajo, donde, como algunos sabéis, he compuesto varias de mis entradas.
La Navidad 2009 ya está aquí y me hace recordar la 2008 y muchas otras, siempre con una mezcla de nostalgia y alegría, como creo que en el fondo a todos os ocurre. Tiempo hay para los buenos propósitos del año nuevo. Mientras tanto habrá que darlo todo en estos días que se abren a nosotros como el libro de la vida, de la esperanza por ser mejores con la ayuda de aquel que nació entre los pobres hace tantos y tantos años.
Gracias por estar ahí desde el 12 de Diciembre de 2008. Seguiremos al pie del cañón, con más o menos fortuna, el tiempo que sea menester, que seguro será mucho.

sábado, 5 de diciembre de 2009

GOTITAS DE PLUGGE

Las gotitas de Plugge lo inundan todo, y hacen que el contacto entre nosotros, los humanos, sea íntimo incluso en la distancia. Resulta difícil aislarse de estas micropulverizaciones que flotan libres y caprichosas a nuestro alrededor. Siempre han estado ahí, vehiculando vida microscópica, vida al fin y al cabo.
A veces las consecuencias de su transitar por la zona más baja de la atmósfera terrestre, en la que habitamos, es mala, incluso funesta. Nuestra lucha nos dice, por sus resultados, que siempre vencemos, que siempre estamos ahí, aunque en en el fragor de la batalla, nuestro bando pierde efectivos de un modo inexorable. La enfermería se llena de mucosidades, toses, mialgias y estornudos reincidentes, como los que hacen estallar mis narinas en este mismo momento. Señores, el general Invierno ha llegado, saltándose a la torera las barreras de la lógica de la Meteorología, y como no sabemos ya por donde nos da el aire (aunque sospecho que nunca lo hemos sabido del todo), tal vez el veranillo de San Miguel pueda llegar a ser el de San Silvestre y nos permita calzarnos las chanclas y dar un garbeíto por las playas del Sur antes de zamparnos las doce uvas.
Resulta iconoclasta y algo provocador hablar de cuestiones infecciosas, en estos tiempos en que las infecciones se transmiten por decreto-ley planetario y global, pero me da la impresión de que las gotitas de Plugge deben alucinar con nosotros los humanos, en los que viven y se multiplican, vehiculando desde hace milenios todo tipo de miasma, a cual más molesto y dañino, sin que los mandamases se hayan preocupado lo más mínimo.
Piensan estas gotitas que tampoco son tan malas, que vuelan libres en el ambiente y, a pesar de ser invisibles y silenciosas, no deben ser consideradas como un enemigo vicioso y tabernario. Piensan eso mientras, en otras latitudes, conviven con monstruos cuasi-jurásicos como el mosquito anopheles, que produce más bajas que los virus que ellas vehiculan inocentemente y los miembros de la raza humana no parecen preocupados. Y eso sin referirse a otros virus más dañinos y fatales que circulan por las redes de la explotación lúbrica de los impulsos más bellos transformados en la auténtica esclavitud que asola desde los cuartos más oscuros, lúgubres y obscenos
a las alcobas más lujosas de las sociedades más ricas de eso que llaman Humanidad.
El cuerpo les pide a estas gotitas pensar en conspiraciones malintencionadas, valga la redundancia, pues la historia que conocen, que es toda la de los hombres sobre la Tierra, esta llena de planes siniestros. Su contacto íntimo con los humanos les permite conocer los más recónditos pensamientos de todos ellos, del más alto mandatario al más pobres mendigo. Ellas conocen la verdad, pero creo que jamás la darán a conocer.
Mientras tanto, y a la espera de que los efectos de la epidemia, una más de miles, nos abandonen y dejen paso a la siguiente, cada vez más organizada y menos inesperada, nos quedaremos en casa, viendo películas bajadas del emule, que tiene los días contados.

lunes, 26 de octubre de 2009

EL TIEMPO PERDIDO

No es lo mismo que perder el tiempo, eso lo sabemos todos. Esto último es trivial, superfluo, algo pueril, un desperdicio inconsciente de aquello que tenemos entre manos, de esos instantes sucesivos que conforman nuestra existencia. Sin embargo, muchos lo hacemos, entregándonos voluptuosos a la desidia de hacer aquello que no queremos o no hacer aquello que queremos, tal vez empujados por el río de una vida que parece no pertenecernos, o más posiblemente porque sí, porque somos así o porque nadie nos informa de que en realidad no somos así pero existen poderes ocultos que nos mueven en esa dirección. Las sirenas de nuestra Odisea personal se encuentran detrás de cualquier esquina, emitiendo unos cantos que nos desvían de la ruta marcada cabalmente, hacia lugares ignotos, sumergidos en momentos que parecen no pasar, en tiempos que se hacen perdidos, de tanto perder el tiempo.
En mi ya lejana juventud me acerque al tiempo perdido, me acerque a En busca del tiempo perdido, con la osadía de los pocos años. Literalmente mi cerebro rebotó en su mensaje, o viceversa. Imposible avanzar, frustración literaria que aún no he superado, a pesar de Umbral y Los placeres y los días. de momento no he tenido la ocasión de revisitar El amor de Swan, de Marcel Proust, y espero que, como ocurrió hace años con El nombre de la rosa, el tiempo perdido pueda ser recuperado, al menos para corregir carencias literarias aparentemente difíciles de soportar.
Sin embargo, pienso, y lo hago con total convencimiento, el tiempo perdido, perdido está y jamás volverá a nuestras manos. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha al contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres ... esas ... ¡no volverán! No es fatalismo, depresión, ni melancolía, es una observación relativa a la vida que se nos ha dado. Buscarlo puede ser inútil, un sinsentido, jamás lo encontraremos. Pero no todo está perdido, valga la redundancia, según mi modo de ver las cosas.
Aceptando que el tiempo no lo podemos recuperar, pensemos que existen también las oportunidades perdidas y, con ellas, las segundas oportunidades, aquellos trenes que podemos coger en el siguiente apeadero, si es que conseguimos encontrar un atajo o que un amigo nos acerque en coche, tal vez sorteando peligros mayores.
También es curioso como estas oportunidades extemporáneas que se nos conceden a veces son asociadas por muchos de nosotros a aquel amor que no pudo ser y que años después vuelve ante nosotros, paseándose tentador ante nosotros, endiabladamente tentador, revolviendo los fantasmas de nuestro pasado, agitando las conexiones de nuestra memoria retiniana con el hipotálamo de las más bajas pasiones.
De nuevo el error se presenta inmisericorde. Heráclito ya nos desveló hace siglos y silos que no es posible bañarse dos veces en el mismo río. No somos lo que fuimos, más bien somos lo que hemos sido y hemos dejado de ser, una mezcla de ambas cosas, como aquellas oscuras golondrinas, que no volverán.
Eso no quita para que las oportunidades perdidas deban quedarse en el saco del olvido y que no debamos perseverar hasta la extenuación.
El tiempo perdido, la pérdida de tiempo, la segunda oportunidad. Tres patas que sostienen el taburete de nuestra vida.
Fijaos si son importante las oportunidades perdidas, que hasta inspiraron la mejor canción de la historia de la música pop.



miércoles, 7 de octubre de 2009

TAKE A WALK ON THE WILD SIDE

Difícil tarea la de vivir. Soltado el exabrupto continúo meditando y pensando en voz alta, o “en letra alta y baja” más bien, valga el hipérbaton.

Complejidad. Parece ser la máxima de la existencia de muchos de nosotros. La belleza está en lo sencillo. El lema de mayor éxito entre muchos diseñadores de todo tipo de vertientes de la creación de nuestro tiempo es la simpleza, los “mínimos”. Algunos podrían interpretar esta tendencia como una ausencia de recursos, como una falta de conocimientos y destrezas para dar mayor riqueza a lo que se quiere transmitir. Exuberancia frente a sencillez.

¿Qué quiero yo transmitir cuando hablo, cuando me expreso? ¿Qué quiero que quede de mi mensaje?

Recuerdo que mi anterior jefa siempre llevaba a cabo una estrategia para librarse de subordinados pelmazos (yo entre ellos a veces): sólo una petición por audiencia. A la segunda, ni puñetero caso, no sé si por cosas de la edad o por estrategia en sí misma. Cuando planteamos nuestras ideas, será mejor referirse a un objetivo principal, haciendo que quede claro y meridiano a la persona que tenemos enfrente.

Simplicidad, o mejor dicho sencillez. Por esos mundos me muevo. Un mensaje, una idea, ese es el objetivo. “Te quiero”, sin matices ni peros ni porqués. Te quiero y punto. Un beso, el beso de un niño; ese es el paradigma de la sencillez, de la entrega gratuita, más aún que la de sus progenitores.

Volvamos a los mínimos y a la complejidad. ¿Es lo complejo mejor que lo sencillo? ¿Es lo relativo mejor que lo absoluto? En estos tiempos que corren parece claro que las corrientes de opinión reinantes dirán que si a lo segundo y que depende a lo primero. Eso es ser relativista. Los valores absolutos han pasado a la historia. ¿Es esto bueno o malo? Pues depende. ¿Quién es nadie para decir que es bueno o malo, que es correcto o incorrecto? En el fondo, el barroquismo intelectual vence a las corrientes más sencillas, y da la impresión de que no nos damos cuenta de que el arte no ha avanzado mucho desde Altamira y que puede que en el incendio de la biblioteca de Alejandría cayeran en el fragor del fuego muchas ideas que tal vez hoy podrían revolucionar el mundo (no he visto “Ágora”, que conste).

Si hay dos maneras de hacer las cosas, elige la más sencilla, para todo, para el trabajo, para conquistar a tu amad@, para la vida, para tu mundo, para su mundo, para nuestro mundo. Y sobre todo, el lado oscuro, sólo para Star Wars y su reverso tenebroso.

Por cierto, os propongo más bien hacer incursiones en el lado salvaje de la vida, EN LA PASIÓN POR HACER COSAS NUEVAS, O VIEJAS Y OLVIDADAS, QUE MÁS DA y para ello os sugiero el siguiente momento musical.

martes, 6 de octubre de 2009

EL LADO OSCURO

Que conste que estoy haciendo un esfuerzo, por mí mismo, y por este blog, para inaugurar las entradas del mes de Octubre, y es que últimamente ando algo disperso con temas varios, laborales incluso, de investigación y todo, que me despistan de lo que de veras me gusta, que es escribir.
Las lluvias se marcharon repentina pero no sorpresivamente, y parece que las musas se marcharon con ellas, tal vez a la otra punta del planeta. Que sepan que no pienso perseguirlas, ya vendrán si quieren. Si no lo hacen, me iré al Corte Inglés a buscarlas si hace falta.
Me pedían hace unos días que me adentrara en el lado oscuro de la vida, y llevo dando vueltas al tema desde entonces. Y no puedo.
Creo que vivo tan cerca del lado oscuro, en un contacto tan próximo a ciertas cosas oscuras de la vida que no me sale. Mi tono habitual tiende a lo amable, al menos a un final esperanzado, habida cuenta la negrura de los horizontes que contemplamos.
Mientras tanto, maquino y maquino sin parar, sobre las andanzas de un cirujano, aprendiz de italiano, descreído de ciertas cosas de la vida, que sí que enctrará en contacto con el lado oscuro. ¿Un alter ego? Puo essere, chi lo sà.

Pero volviendo al lado oscuro, se me ocurre seguir de maniobras ...




martes, 8 de septiembre de 2009

VERGÜENZA

Los salvajes disturbios de Pozuelo de Alarcón han dado la vuelta a España, tal vez la vuelta al mundo, y creo que estaremos de acuerdo en reconocer que debería caérsenos la cara de vergüenza a todos, más a unos que a otros.

Gentes más sesuda e ilustradas que yo han derrochado ríos de tinta analizando el tema. Esas gentes, todas ellas de los medios de comunicación, parecen escandalizadas por lo que ha ocurrido, buscan culpables, ofrecen soluciones, no dan crédito algunos a lo que se presenta ante sus ojos.

Creo que el problema es aun mayor que lo que parece. Es un problema consecuencia de la pérdida de valores de la sociedad actual, de la española en particular.

El Estado, confundido con el Gobierno de turno, se ve impotente a la hora de transmitir a sus ciudadanos, los más jóvenes en este caso, la importancia de cumplir las leyes, unas leyes que, supuestamente, todos aceptan y que son la base de una convivencia pacífica, que redundaría en un mayor bienestar y progreso del colectivo al que pertenecemos y, por ende, de cada uno de los individuos que lo formamos.

Y en ese punto es donde empieza a fallar el sistema que nos gobierna. El individuo no importa, no le importa a nadie, nadie se preocupa del bienestar del individuo, nadie le exige nada al individuo, a la persona, sólo se le invita a que sea el mismo, a que haga lo que le venga en gana en cada momento, a que sea "libre" (falsamente, claro, pues en el fondo está condicionado por un ente superior que le guía como parte de un rebaño). Esa libertad hedonista se acompaña de un sostenimiento económico del sistema que, a cambio de dinero, otorga comodidad, garantías ante las adversidades y tranquilidad ante lo que pueda venir, sin incentivar para nada al individuo (que no persona) a vencerlas por sí mismo, mediante su esfuerzo de cada día. No existe la planificación con vistas a un futuro mejor (para ejemplo, la política actual), sólo un ir pasando un día hasta llegar el siguiente disfrutando lo más posible.

Se cuestiona constantemente la autoridad de los padres, con el argumento de que no están formados ni capacitados para orientar a sus hijos sobre como andar por la vida y se nos dice que no tenemos derecho a inculcar a nuestro vástagos los valores que consideramos son los mejores para ellos, porque son los que mueven nuestra vida y asientan los pilares de nuestras familias (eso los que los tengan, claro).

Así, la educación en valores de cada casa es sustituida por el adoctrinamiento educativo y televisivo (ni siquiera se lo tienen que currar con lecturas subversivas, que implicaría un esfuerzo). Se trata de eliminar al máximo el ejercicio de la patria potestad con leyes que cortocircuitan la autoridad paterna, otorgada por el derecho natural (¿a quién le importa esto?).

Siguiendo con la argumentación, la autoridad del docente o profesor de toda vida, tanto en el colegio como en la Universidad (antes templo del saber) se ha dilapidado y eliminado de un modo que costará décadas de esfuerzo recuperar. En mis años mozos nos poníamos de pie en clase cuando entraba el profesor en clase, como señal de respeto ante la persona que va a transmitir sus conocimiento a un grupo de personas que, con los años, serán los encargados de, con su esfuerzo personal, hacer que el país mejore y crezca en todos los sentidos. Si el profesor es humillado y despreciado, ¿en qué se va a convertir?

Si los padres somos tan malos e inútiles, si no somos capaces, según el Estado (que se nutre con nuestros impuestos) de educar correctamente a nuestros hijos y si ese mismo Estado, con sus dirigentes a la cabeza, considera que es él el más capacitado para convertir nuestro país en una suerte de paraíso rousseauniano en el que todo el mundo es bueno y benéfico, por qué, cuando los síntomas de su fracaso son evidentes e imposibles de tapar y esconder, mira entonces a unos padres a los que retiró la autoridad, exigiéndoles que meta en cintura a esos vándalos a los que alimenta y sustenta en sus cómodas casas.

Es lo que yo entiendo por una aplicación de manual de la ley del embudo. Lo peor de todo será que los padres de esos hijos, alienados por el sistema, darán la razón a los hijos, que han cuestionado la máxima autoridad existente, aquella a la que se le permite el uso de la violencia para hacer cumplir la ley. Nunca hasta ahora el mensaje del pacifismo había cohabitado tan intensamente con una violencia tan feroz y tan jaleada.

El Estado es bueno como idea, pero no tiene derecho a alienar a sus dueños, nosotros, hasta tal punto de eliminarnos como personas. Somos estúpidos al permitir que esto ocurra, somos estúpidos al creer que siempre quiere nuestro bien. Ahora mismo lo único que quiere es perpetuarse y crecer a nuestra costa, eliminando la iniciativa privada, los proyectos de las personas, mientras se alimenta de nuestro esfuerzo. El Estado, con hechos como los del pasado fin de semana, debería pensar en dar una oportunidad a esos padres para poderles después exigir que hagan bien su trabajo, que están deseando poder hacerlo.

jueves, 27 de agosto de 2009

AGUJETAS

La vida no nos da tregua, tal vez porque nosotros tampoco le damos tregua a ella. Cuerpos que se mueven sin tocarse, combustible sacárido que se consume sin cesar. Aerobiosis obsesiva que termina agotándose, casi también en el cerebro, órgano sensible donde los haya.
Scrooge odiaba la Navidad a causa de su vida solitaria y su amor al trabajo. Aquella chica en una película que lamentablemente no recuerdo, era incapaz de llorar. Un hombre oscuro nunca será capaz de decir lo siento. Una mujer con cara de vinagre sirve el rancho a la gente pobre, hecho con todo su amor, pero con hastío en la mirada. Esa chica espera a que la saquen de su estudio donde sola, perdida, abandonada, como en una ópera italiana, contempla la sombra de su desdicha.
Aerobiosis obsesiva y limitada, oxígeno esquivo que se agota tras quemar más glucosa de la que se puede consumir, cenizas de azúcar animal, arrinconadas en las cloacas de los tejidos, esperando a que alguien las de alguna utilidad.
Acúmulos de ácido láctico en los cuatro costados de nuestros cuerpos, cada vez que hacemos algo a lo que no estamos acostumbrado, cada vez que nuestro cerebro le pide a nuestro cuerpo que de más de lo que puede, que dé más de aquello para lo que le hemos acostumbrado. Bolsas amarillentas en las juntas de nuestros cuerpo, dando señales de alarma sobre los riesgos que asumimos.
Los domingos de Otoño, con el corazón ingresado en la UVI, tras los sucesos de la jornada sabatina, proclives son a este tipo de reacciones histoquímicas. Todos hemos previsado el ingreso de nuestro cuore en la UVI, salvo aquellos que lo tengan denervado y sean incapaces de sentir nada, en cuyo caso corren el riesgo de estar muriendo poco a poco sin saberlo, por falta de respuesta ante las señales que recibimos del mundo exterior, del lactato que nos duele hasta lo más hondo, hasta donde casi ni la luz puede llegar.
¿Qué hacer para evitar que la vida nos duela? Usarla, entrenarla, cansarla lo justo, dejarla descansar tras un esfuerzo supremo, agotarla, para dejarla después reposar, vivirla por la mañana, darle alimento y echarnos una cabezada con ella por la tarde, compartirla, compartirla, compartirla.
No le pierdas la cara al toro, no le pierdas la cara a la vida. "La vita 'e bella, principesa".
¿Es éste un post optimista? ¿Es éste un post pesimista? La vida es ambas cosas, reducirla a una sola es reducirla artificiosamente. Reir, llorar, volver a reir, volver a llorar. Acción, reacción. Dame, te daré.
La vida nos conduce, nos trae y nos lleva, nos invita a seguir una dirección, aunque nos da libertad para hacerlo o no.
Las agujetas son buenas. Nos informan de que algo no funciona y de que hay que resolver el problema de algún modo. Sospecho que el corazón sufre también las agujetas y eso hace que algunos que no están acostumbrados a amar o a que los amen, eviten el contacto doloroso ese ejercicio descaostumbrado y se enroquen en su amargura perpetua.
Pero la naturaleza es sabia y tiene todo el tiempo del mundo y con que un dolorido corazón decida ejercitarse en el noble arte del querer, seguro que podrá darse por bien empleado.
¿Quien no ha tenido en alguna época agujetas en el corazón?

miércoles, 19 de agosto de 2009

RETORNO

Es el primer post de la historia que es comentado antes de haber sido escrito. Por tareas varias, solamente quedó reflejado el título, con el texto aún sin plasmarse. Siempre he pensado que es una gran verdad que lo bueno de irse de vacaciones es que, cuando finalizan, vas a volver a aquel lugar que abandonaste por un tiempo limitado, largo al principio, escaso, casi siempre, al final.
Es bueno salir de la ciudad. Los que vivimos en la gran ciudad necesitamos dar un garbeo por el mundo exterior, ver otras gentes, espiar sus costumbres, meternos en su mundo, dejar que nos hagan suyos unos días, para llevarnos su esencia en las alfoljas vacias al llegar.
Es bueno salir de vacaciones con la gente a la que más quieres, vivir juntos el día entero, sin prisa, pero sin pausa. Es bueno aprender a convivir, dedicándonos a nosotros mismos, porque entre tanto madrugón, trabajo, guardia, clase, actividad extraescolar, el tiempo parece no querwer parar y no nos permite mirarnos a los ojos sin ningún motivo, con la única intención de mirarnos a los ojos.
Es bueno llevarse cosas de los lugares que se visita. ¿Qué me he traído de mis vacaciones?
De la Toscana, el paso a una década distinta, un paseo en bicicleta, un baño en piscina de agua medicinales, charlas con gente simpática y buena y mucha belleza.
De Villaesper, el querer seguir haciendo cosas y la nostalgia de los recuerdos.
De Zahara, la luz, el viento, el mar, arena de la playa, la puesta de sol y muchas ganas de volver.
¿Qué te has traído tú?

jueves, 9 de julio de 2009

LADRAN, LUEGO CABALGAMOS

Lo bueno de cumplir años es el hecho mismo de cumplirlos, de tenerlos, de añadir pequeños elementos al corpus vital que configura nuestra existencia, nuestro ser. Los sabios defiende que el pasado no existe, otros que el futuro tampoco dejando al hoy como única dimensión de nuestro paso por el mundo. Y es verdad pero no del todo. Somos lo que hemos sido, somos lo que tal vez algún día seamos, pues nuestra vida se soporta en un taburete compuesto por nuestros recuerdos, nuestras vivencias y el momento en el que vivimos, ese momento presente que se pasa de un modo instantáneo.

La bioquímica que nos gobierna está diseñada magistralmente para permitirnos rememorar instantes vividos, aunque sea con una cierta manipulación de los recuerdos, consciente o no. Algún motivo habrá para que esto sea así. Finalista o no, algún motivo debe de haber.

Carpe diem, pero sin perder la capacidad de proyección de nosotros mismos en el espacio y en el tiempo que, como pueblo, como raza, nos ha llevado a intentar resolver todos los problemas que se nos han ido planteando. Esa es nuestra mayor virtud, el mirar hacia el futuro, aunque queden multitud de problemas por resolver.

¿Cómo hemos resuelto problemas? ¿Han sido los partidos políticos? ¿Han sido las multinacionales? ¿Han sido los gobiernos?

Todos podrían haber hecho algo, pero ninguno de un modo sustancial. Han sido las personas, las iniciativas individuales, altruistas, las que han hecho que el ser humano haya dado saltos cualitativos en cuanto a su desarrollo a todos los niveles. Iniciativas que han trascendido de la pequeñez de sus creadores, conscientes unas veces, inconscientes muchas más. Las vidas y muertes de personas anónimas han podido hacer más por el avance de nuestra especie que los tratados internacionales.

Y no sólo me refiero a los avances científicos, realmente es a lo que menos me refiero, ya que la penicilina la descubrió Fleming, pero otro lo habría hecho en su lugar más tarde o más temprano. El Quijote, de no haberlo escrito Don Miguel de
Cervantes, no existiría. Y de no haber sido así, nadie habría podido repetir aquello de "Sancho, ladran, luego cabalgamos".

domingo, 5 de julio de 2009

101

Entrada 101.
Es como un principio, después de haber empezado algo hace 100 unidades de algo que no se sabe bien lo que es. Es verano y, aunque sea la estación alegre por antonomasia, en esta ocasión se ha despertado en mí un sentimiento de abandono, de falta de algo, de melancolía.
Muchas veces pienso que esto del blog es como una especie de lotería que me ha tocado en la vida. Nunca me habían llamado especialmente la atención, y jamás pensé que pudiera llegar a abrir uno, pero han pasado 100 momentos y aquí sigo. En esta ocasión me va a servir para escribir sobre algo que llevo dentro de mí desde hace ya varios años y que es muy mío, es de mi vida y sólo de mi vida, aunque las vidas de los que me quieren se hayan visto afectados de una manera similar a la mía.
Sabéis que soy médico, que me gano la vida con eso. En el fondo creo que soy un pobre médico de pueblo (J XXIII quería ser un pobre cura de pueblo, él seguro que sabía por qué), pero como la vida da muchas vueltas y de algo hay que vivir, me hice anestesista.
Aunque la gente no lo sepa muy bien, nosotros, los anestesistas, vivimos muy de cerca las enfermedades de la gente, sobre todo las más serias y graves, y conocemos con bastante detalle los modos de diagnóstico y tratamiento de muchas de ellas. Convivimos con el cáncer más que muchos otros médicos de otras especialidades tal vez más reconocidas. Y es el cáncer el comienzo de esta historia ...
La música italiana suena en la habitación, me inspira y me llega, como le llegaba a él. Escuchando, escribo y recuerdo momentos de dolor, de gran dolor para mí, de pena profunda que, siendo rememorados dejan un poso melancolía e incluso remordimientos por no haber evitado lo que de todos modos debía de ser inexorable.
Era Junio, mes de cierta holganza, días largos y calor incipiente en las calles.
-¿Qué tal estáis?
-Bien, muy bien por aquí.
-¿Hace bueno?
-Sí muy bueno, estamos pasando unos días muy buenos.
-¿Qué pasa, te noto rara?
-Nada, nada, bueno, es que Papá se ha desmayado esta mañana, pero ahora está bien.
Fueron al médico, por indicación mía. Resultado, anemia importante, visita a urgencias, transfusión sanguínea, viaje a la playa a recogerles y de vuelta a Madrid. Comienzo a hacer gestiones, con el diagnóstico hecho en la cabeza, para ver que es lo que pasa.
Endoscopia alta, todo normal. Colonoscopia, lesión con mala pinta, quirúrgica, ya.
Conociendo como era mi padre, sabía que con el cirujano la relación iba a ser buena. "El hijo del maestro nunca es aprendiz". Mucho cariño por parte del cirujano, con quien yo había tenido en el pasado algún que otro enfrentamiento, pero que luego lo dio todo por mi padre.
Llega el día de la intervención. Bajo las escaleras con el amigo que le iba a anestesiar y nos encontramos con el cirujano. Le veo y sé que algo va a ir mal. "Nos vemos en quirófano", dice.
-Respira hondo, que te vas a dormir.
Agarro su mano y cae en un plácido sueño. El respirador es conectado y las constantes aparecen cadenciosas en el monitor. El cirujano entra de nuevo en el quirófano, me mira, me llama y me dice: "¿Has visto el TAC?. "No", contesto. "Tiene LOES hepáticas".
Esa frase fue para mi como la muerte de una parte de la vida que me lo había dado todo, que me había ayudado a llegar hasta donde estaba. Salí a un pasillo, intentado no llorar, hablé con mi amigo y pensé que lo había sabido desde que vi el primer análisis después del mareo.
La cirugía acabó y mi padre comenzó a despertarse. Fue un mal sueño. Despertó con un "Ay Dios mío", repetitivo, que me torturó durante meses. Creo que aún lo sigue haciendo cuando lo recuerdo. Era como si su subconsciente supiera la verdad, una verdad terrible y cruel.
Había terminado la operación y tenía que enfrentarme a la realidad, al trago de contárselo a mi familia. No podía. Le pedí al cirujano que lo hiciera por mí y luego mi madre y yo lloramos juntos.
La operación fue fenomenal, con un postoperatorio de libro. Cambiamos las vacaciones para poder estar ahí. Mi padre se recuperó muy bien, pero teníamos una cita pendiente con el cirujano en la que debía contarle que las cosas habían ido bien, pero no del todo.
"¿Quieres contárselo tú?, me dijo el cirujano. "No", contesté yo. Creo que es demasiado para un hijo médico que sabe lo que viene después.
"Bueno, tenemos que hablar de lo tuyo", y comenzó a explicarle lo que tenía con más cariño del que pueda imaginar. Aunque tenga sus cosas, que yo sé que las tiene, personas como él hacer más grande mi profesión.
Luego vino el contárselo a la familia de fuera, a los amigos, y fue como morir de nuevo de dolor, intentando ser fuerte para no hacerles sufrir lo que yo estaba sufriendo. La realidad es que no había esperanza y durante unos meses viví d unas estadísticas vistas desde la parte de una botella medio vacía que en realidad estaba vacía del todo.
Durante meses me torturé por no haber podido detectar ese cansancio extraño que no parecía nada más que el estar raro después de la jubilación. Nunca sabré que habría pasado, si la suerte estaba hechada y si su tiempo había terminado de todos modos.
Llegó el día de colocar el porta-cath, después de haber hablado con un oncólogo con el que nunca llegó a conectar ("Este tío no es como el cirujano, este tío no cura a nadie"). "Yo te llevo, Papá, y te acompaño al quirófano, que es con local y no tardan nada".
Llegamos al quirófano y comienza la operación, sencilla como había dicho. Todo iba bien, aparentemente, pero una mano se movía bajo los paños. Era la mano sufriente de mi padre, que pedía a gritos ser apretada. Así lo hice y de nuevo lloré en silencio en mi interior. De nuevo sufrimiento y dolor, en el momento menos pensado.
Siguieron unos meses duros de quimioterapia, al principio llevaderos, pero luego frustrantes y finalmente fracasados e interrumpidos por el deterioro generalizado. Luego siguieron muchas lágrimas en soledad, algunas en compañía de gente buena que me decía que tenía que ser fuerte.
A mi churri le contaba todo y me miraba apenada. "Lo peor está por llegar", le decía. Ella no me creía, pero terminó dándose cuenta de que tenía razón cuando, después de unos días sin subir a casa de mis padres, pues se quedaba con los niños, estrechó la mano adelgazada de mi padre y tuvo que hacer esfuerzos por no llorar.
Saber es muy malo, la ignorancia es la amiga del enfermo de cáncer.
Las cosas se estaban poniendo muy mal y llegó la hora del desenlace. La noche anterior la pasé durmiendo en la que había sido mi casa hasta que me casé. Decidimos ir al hospital el día siguiente, que era domingo por la mañana. Mi padre estaba muy mal, A los dos días, en paz, sedado con todo el amor que le podíamos dar, entregó su alma a Dios y nos dejó solos.
Y pasó el tiempo, y cada día me sigo acordando de él, porque mucho de lo que soy a él se lo debo.
Y no sé porque he escrito todo esto, que a nadie le importa. Parece que este blog haya sido creado para escribir esto, y es curioso que tenga que ser en la entrada 101. No va a ser la última, sino la primera de la segunda centena. Mi padre sigue en mí y espero seguir yo en él por siempre. Me lo dio todo y quiero seguir recibiendo de él su ayuda, su amor y sus besos en la noche, mientras duermo.
El amor que supera la muerte es amor verdadero.

PD: Luego vino el entierro, el funeral, las llamadas y los abrazos y besos de gente buena, de amigos suyos y míos. Paradójicamente, mucha vida salió de su muerte y algunos amigos volvieron a estar junto a mí después de mucho tiempo, y siguen ahí, y es que la vida y la muerte están más unidas de lo que nos creemos.

viernes, 3 de julio de 2009

POR FIN VERANO

Estamos en verano, mi estación mágica, tal vez no la favorita, pero sí la que me anima más a salir de mí mismo y mostrarme al mundo como soy (¡tiembla, mundo!). Los edificios arden caldeados por el Sol impenitente que ya casi desde su salida trabaja sin descanso. Sin embargo, podemos aprovechar las primeras horas de luz para ejercicios diversos. Me inclinaría por montar en bicicleta, aunque otras labores más lúbricas también sean bienvenidas. Cuando llega el mediodía, casi mejor será recogerse en casa, un centro comercial, la piscina o, mejor aún, darse un bañito marino para después ponerse a cubierto.

Los cuerpos salen de su caparazón, y se muestran a nuestros ojos, curiosos, ávidos de conocer y, según quien, incluso libidinosos (las chicas os ponéis estupendas, he de decir). Las mentes se mueven en una dualidad de cansancio cansino caluroso y calentón, frente a una actividad frenética, pretendiendo pasar la noche en danza hasta altas horas, sin pensar que el día siguiente probablemente la mesa de trabajo no pueda convertirse en improvisada almohada.

La bebida forma parte fundamental en las costumbres veraniegas. Creo que en la cerveza hacen algo para que su efecto sobre el cerebro humano sea menor y así animar al personal a consumirse a más y mejor. Puede ser también que este noble órgano ordene al resto del cuerpo que debe ser metabolizado tan excelso alcohol para poder ser consumido en mayores cantidades. Los cocktail nocturnos cogen el relevo para permitir que se dé rienda suelta a las pasiones en playas, terrazas, paseos y tumbonas. Ahí es donde sale a relucir nuestras capacidades de alquimista procaz para conseguir con malas artes lo que con buenas tal vez nos llevaría años. La hormona ataca fuerte y la ocasión la pintan calva.

Y que decir de la comida. Se adapta a nuestro ritmo cansino con texturas más ligeras y olores especiados, admitiendo solamente el ardor de las barbacoas nocturnas, desterradas por la autoridad competente las paellas domingueras. Son las cenas nocturnas ocasiones también propicias para alcanzar inconfesables objetivos.

De la música habrá que seguir hablando, pues sale de ventanas y balcones hacia la calle en las noches de insomnio de calores y azoteas. Se admiten sugerencias.

Besos y bienvenido el verano con sus hombros femeninos al descubierto.

jueves, 25 de junio de 2009

SOLEDAD INESPERADA

A lo largo de la semana disfruto de ocasionales tiempos muertos. Suelen ser impredecibles, y en algún caso, como el de ahora mismo, se acompañan de una curiosa soledad. Es una soledad que no depende de uno mismo, no la he elegido yo y parece que ella me ha elegido a mí.
Es una soledad agradable, lo confieso, placentera incluso. Será por lo limitada en el tiempo, porque a nadie le gusta estar solo, a nadie, aunque alguno lo pregone. Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Pero estar solo así, de vez en cuando, y sin esperarlo me parece un gustazo.
Aprovecho para pensar en cosas que tengo aparcadas, para escribir sobre pensamientos pasajeros, incluso para atender mi correo. La novela de turno no la he traído, así que tal vez eche una cabezada.
Una buena cabezada no la echa cualquiera. Es fundamental intentar no apoyar la cara sobre una superficie dura, ya que a su finalización nos delatará una vergonzante banda eritematosa en la región frontal. Recomiendo, si se está solo, adoptar la típica posición norteamericana, esto es, espalkda recostada, cabeza apoyada en el cabecero de la silla y piernas estiradas con pies encima de la mesa, estratégicamente colocados para no ensuciar. La única pega son los posibles ronquidos del solitario.
Otra actividad recomendable es meterse en el Live Maps para buscar lugares conocidos o diseñar itinerarios de vacaciones. Me gusta más que el Google Earth, sobre todo por la rapidez y comodidad. Para viajeros maquinadores como yo, es una buena alternativa.
No recomiendo llamar por teléfono ni flirtear con la recepcionista, ni otro tipo de actividades poco recomendables, esas quedan para las soledades planificadas y premeditadas. Esto es una soledad inesperada y como tal ha de ser considerada.
En mi caso acaba de terminar. Hasta otra.

lunes, 15 de junio de 2009

DISOCIACIÓN

Existe un término en Medicina llamado "disociación electromecánica". Para los no iniciados os diré que es algo gravísimo, que en muchos casos termina produciendo la muerte del paciente si no se pone remedio de inmediato, cosa que en ocasiones no resulta posible. Básicamente consiste en lo siguiente: el corazón es un músculo bastante especializado, que funciona sin parar, y sin que tengamos que ordenarle que lo haga, lo cual es francamente ventajoso para sobrevivir. El hecho de que funcione así radica en que existen una serie de estructuras internas que producen unas mini-corrientes eléctricas que hacen que las fibras musculares se muevan, es decir, que la parte mecánica funcione. Cuando, por cualquier causa, se produce una disociación entre estas dos vertientes del funcionamiento del corazón (eléctrica y mecánica), éste no funciona. Las órdenes eléctricas se transmiten, pero no llegan al elemento mecánico, no se bombea sangre y, de no ponerse remedio, el corazón se para y el individuo fallece.

La cuestión que me planteo en estos momentos, entre tanta calorina y sudores, casi saharianos, que sufrimos en la capital del reino, son las disociaciones que ocurren en nuestra vida cotidiana, menos dramáticas que la que ha servido de introducción, aunque muchas de ellas con trascendencia suficiente como para detenernos a pensar en ellas.

Lo que pensamos es una cosa y lo que hacemos es otra. Es la primera verdad verdadera. Muchas veces ocurre voluntariamente, aunque con frecuencia es parte de la inercia de nuestra vida cotidiana. Sobrevivir tiene bastante de esconderse de los depredadores que nos rodean. Por suerte, los leones ya no nos comen, pero la naturaleza es muy sabia y todavía nos quedan los recursos necesarios para escapar de aquellos que quieren devorarnos. En la actualidad, la alienación, la manipulación y la excesiva opresión de los poderes fácticos (desde las dictaduras, democracias engañosas, a los dueños del dinero, pasando por los falsos salvadores del pueblo oprimido, que tal vez sean los peores), han venido a sustituir a aquellos carnívoros de la era cuaternaria.

Lo que hacemos es una cosa, y lo que queremos hacer es otra. Los deseos muchas veces no se hacen realidad. El carpe diem cada vez se hace menos presente en nuestras vidas, aunque el establishment de la Aldea Global nos haga creer que sí. Hacer lo que queremos puede quedar bien en una primera lectura, aunque deje vacíos a la mayoría. Deberíamos aspirar más a un querer lo que hacemos, mucho más gratificante.

Y hablando de gratificaciones, eso es lo que perseguimos en nuestra rutina diaria. Muchas pequeñas gratificaciones dan más sentido a las obligaciones que se nos presentan, queramos a no. Sin embargo, cuando estos pequeños premios se ven acompañados de un gran premio final, la cosa cambia y se hace mucho más gratificante.

Y es que no hemos venido aquí a sufrir, sino a que nuestro tiempo sea grato. Grato, gratitud, proyección vital, todo va en el mismo sentido: yo, tú, él, nosotros, vosotros, ellos; conjuntos de individuos que, si quisieran y les dejaran, harían del mundo un lugar más grato. El problema es que no nos dejan, estamos tanto tiempo viendo la televisión, que no podemos salir a la calle, mirar al cielo y buscar el azul del mar en una mirada.

Y mientras tanto, mientras en Occidente nos miramos el ombligo, en el Sur la gente tiene lo junto, o menos. ¿Podremos algún día remediarlo? Sería la última gran disociación: unos pocos con muchos, que quieren ayudar a los que no tienen nada, aunque todavía no saben bien como hacerlo.

martes, 2 de junio de 2009

LAS NOCHES Y LOS OSCAR

Me he pasado años enteros de mi vida viendo la tele y haciendo otras cosas a la vez, sobre todo estudiar. He estudiado BUP y COU, seis años de Medicina, incluso el examen MIR. He visto películas antiguas y modernas, me he tragado partidos de fútbol, baloncesto, los Juegos Olímpicos, incluso la entrega de los Oscar.
Me encantaba la entrega de los Oscar. Siempre era a altas horas, y me coincidía con exámenes. Más de uno y más de dos he preparado viendo la entrega de estos premios tan denostados en la piel de toro y tan deseados a la vez. Eran otros tiempos, los daban en abierto y en la Uno.
Los años han pasado y ya no veo los Oscar. Primero porque no puedo, ya el cuerpo no permite las alegrías de antaño. Segundo porque sólo veo películas y series grabadas y los partidos de fútbol (lo confieso, me los trago todos, nos los tragamos -mi churri incluida- todos). Tercero porque las pelis me parecen cada vez más mediocres. Debe ser que me estoy haciendo mayor, pues no veo motivo alguno para que no salgan obras maestras de vez en cuando. Igual ni me entero de que existen.
Volviendo a las noches de los Oscar, eran mágicas y muy especiales. Tenía quinielas, que hacía con mis amigos, especialmente con Lighthouse Keeper. Había visto todas las pelis candidatas y aguantaba hasta el final, allá por las seis de la mañana, oyendo la radio con Carlos Pumares y la tele a la vez. Al llegar la mañana daba la primicia a mis padres, que me miraban un poco alucinados.
Todo por mi amor al cine, a las películas que me han hecho lo que soy, que han influido en mi vida. Muchas las he visto pasados los años y me han seguido impresionando. Pero para impresiones, os citaré dos melodramas estupendos de los años cincuenta, que os recomiendo y que, en plena adolescencia, me causaron una honda impresión: "Al Este del Edén" (East of Eden) y "El árbol de la vida"(The Raintree county). Creo que volveré a visitarlas pronto, ahora que las noches son largas y calurosas y el sueño cuesta prender en nuestros cerebros cansados y ávidos de vacación, Toscana y playa.

lunes, 4 de mayo de 2009

PASABA POR ALLÍ


Yo pasaba por allí, y me paré a mirarte ...

La tangencialidad de nuestras vidas determina el curso de los acontecimientos siempre. Tal vez pueda parecer algo radical esta afirmación, pero creo firmemente que es así. Desde el momento de la concepción, en esa increíble carrera de la muerte que es la fecundación de un óvulo por parte de uno entre millones de espermatozoides, todo depende de que alguien pase por allí y se pare a mirar ... y termine quedándose.

El azar hace que la voluntad pueda expresarse con éxito como algo material y tangible. De nada sirve saberse todo al pie de la letra, preparar un proyecto a la perfección, concentrarse al máximo en un entrenamiento, tener todos los cabos previamente atados, si al fin y a la postre un golpe adverso del destino hace que nos quedemos en blanco, que el coche se estropee, que venga una huelga de transportista, que caiga la nevada del siglo o que el árbitro nos expulse injustamente.

El azar termina decidiendo muchas cosas en la vida, tanto para bien como para mal, y creo que es de soberbios atribuir todo el mérito a la valía personal.

También sería injusto afirmar que, cuando las cosas salen mal, es cuestión de la mala suerte. El esfuerzo suele venir recompensado, y la pereza castigada, aunque en ocasiones el loco azar decide cambiar las tornas y premiar a algún bello perezoso o castigar a un calculador engreído. Es lo que entiendo yo por “poner a la gente en su sitio”, “bajarnos de un pedestal” o “descender al mundo real”.

La diosa Fortuna es caprichosa, juega a la lotería y ella siempre gana, pues su triunfo consiste en el disfrute que le reporta apreciar los resultados de su caprichosa elección. Como diosa del Olimpo tal vez nos observe como seres diminutos y se sonría con nuestras reacciones y nuestros desvelos.

Tal vez sí o tal vez no, pero es romántico pensar que existen protegidos por los dioses, como un Simbad de leyenda.

¡Quién no quisiera llegar al Hades y navegar por el vacío más allá de la línea del horizonte, con tal de conseguir conquistar el corazón de su amada!

Yo pasaba por allí, y me paré para mirarte ...

En el amor esto se acentúa más todavía. Vivir de corazonadas, en el fondo, es lo más verdadero que existe. Cruzarse dos veces con la misma desconocida que nos arrebata el espíritu hace que ya sea conocida. Seguir una corazonada a veces es como lanzarse al vacío si existe un tercer encuentro con ella en la gran ciudad. Sin embargo, la rentabilidad de las corazonadas no siempre es alta, y ello hace que pasemos de corazonada a estar descorazonados.

¿Buscar la corazonada o encontrarse con ella? Lo segundo sería, desde un punto de vista purista, lo más cercano al flechazo o azar hecho amor, amor verdadero en el fondo. Lo primero se me antoja más estar a la que salta o fijarte en todas, siendo interpretado a veces como “desesperación por pillar cacho”, que suele ser percibido rápidamente por la interfecta y obtiene un rechazo inmediato, ignominioso muchas veces.

¡Cuántas cosas nos perdemos por no parar y quedarnos mirando! La observación es la virtud fundamental que han de tener los investigadores de todos los campos, de la Medicina, la Ciencia, la Psicología. Pero más importante aún es para sacarle el jugo a la vida, para encontrar un amigo en el que trabaja en la mesa de al lado, para ayudar al hijo que no sabe que decisión tomar, para querer a quien nos ama y no sabe como decírnoslo.

Yo pasaba por allí, y me paré para mirarte ...

Y tú decidiste mirarme también. Mi cara te pareció rara, no era todo lo simétrica que precisabas para considerarla bella, pero algo le encontraste. Los días pasaron, sucediéndose las semanas, los meses, las estaciones. Decidiste acampar en mi morada y decidiste también que no se estaba mal conmigo.